Estados Unidos abandona la OMS y debilita la cooperación sanitaria global

La salida oficial de Estados Unidos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) no solo representa una ruptura política con el multilateralismo, sino que ha generado un impacto financiero inmediato que compromete la capacidad operativa del organismo. Además de las cuotas obligatorias impagas, Washington había prometido 490 millones de dólares en contribuciones voluntarias para los años recientes, recursos destinados a programas clave como el de emergencias sanitarias, el control de la tuberculosis y la erradicación de la polio. Aunque una parte habría sido cubierta, no existe claridad sobre el monto efectivamente pagado.
La pérdida de este respaldo financiero —tanto pasado como futuro— ha significado un golpe severo para la OMS. Tras recibir la notificación formal de la salida estadounidense en enero, la organización se vio obligada a aplicar recortes inmediatos. Entre las primeras medidas se incluyeron la congelación de contrataciones, la reducción de gastos de viaje, la virtualización de reuniones, la suspensión de mejoras tecnológicas y la cancelación de reformas en oficinas. Posteriormente, los ajustes alcanzaron al personal: vacantes sin cubrir y despidos que podrían reducir la plantilla hasta en 22 por ciento para mediados de este año.
Las consecuencias trascienden el plano administrativo. En una conferencia reciente, el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, advirtió que la retirada de Estados Unidos es una situación en la que “todos pierden”. Por un lado, la OMS ve mermada su capacidad de respuesta ante emergencias globales; por otro, Estados Unidos renuncia al acceso privilegiado a información crítica sobre enfermedades infecciosas y a su influencia directa en la coordinación internacional frente a brotes.
La decisión estadounidense revela cómo los cálculos políticos internos pueden debilitar estructuras diseñadas para proteger la salud global. En un mundo interconectado, donde las enfermedades no reconocen fronteras, abandonar la cooperación sanitaria internacional no fortalece a las naciones: las deja más vulnerables.




Redacción Paralelo 19


