¡Huevones los que duermen!

Lo he escuchado como un himno en muchos lados. Como un rezo de las mañanas en mi casa y, de eso, para bien o para mal, se han formado hábitos. ¿Dormir? Lo necesario, pero ¿cuánto es lo necesario?
De acuerdo con un artículo del periódico español Huelva, dormir “es una necesidad biológica fundamental para el funcionamiento adecuado del cerebro, las emociones y la salud mental”; entonces, eso quiere decir que más del 45 por ciento de los adultos mexicanos no rinden del todo bien, ya que, en 2017 y en 2023, especialistas de la Clínica de Trastornos del Sueño de la Facultad de Medicina de la UNAM mostraron ese porcentaje que, al parecer, aún no se reduce.
Es una necesidad biológica fundamental para el funcionamiento adecuado del cerebro, las emociones y la salud mental”.
Podría tener lógica, entonces, por qué un mar de personas están aceleradas, de malas, mentando madres, chocando y disociadas, y eso sin mencionar que el celular es ya como una extremidad del cuerpo que arrebata la intención de dormir. Pero esto es solo una hipótesis.
Diría Kafka en La metamorfosis que “el hombre tiene que dormir”, pero hoy en día ¿quién duerme profundamente sus ocho horas? Este espacio se queda libre para su respuesta.
El hombre tiene que dormir”.
Lo que sí deduzco es que ese tiempo no lo tiene mi vecina, que cría a tres hijos y que, por ello, podrían justificarse los gritos por la mañana; o que lo haga mi madre, que por hábito, si no está ocupada, algo se inventa; o mi papá, que por su trabajo al volante maneja más de lo que duerme.
Desde niña vi a mis tíos dormirse casi a la medianoche y levantarse sin la luz del sol. Sus rutinas demandaban usar el mayor tiempo posible para la productividad, más que por una onda aesthetic o un estilo de vida ocupado y, además, divino, como se muestra en las redes sociales; lo hacían por necesidad. Eso quizá porque desde hace años los ingresos eran una batalla. Tan solo en 2024, de acuerdo al INEGI solo el 0.8 % de los trabajadores en México gana más de cinco salarios mínimos, evidencia de que o le chingamos o no progresamos.
Luego entonces, quienes sí pueden dormir libres y profundos, no se sientan atacados; todos hablamos de lo cotidiano.





Laura Flores





