El ajedrecista y sus piezas

En política, como en el ajedrez, los movimientos verdaderamente importantes rara vez comienzan con un jaque.
A veces basta mover un caballo.
O permitir que alguien crea que lo movió por cuenta propia.
Ayer, mientras en Puebla algunos observaban fotografías, colores y reapariciones, en otro punto de la ciudad se hablaba precisamente de ajedrez.
No deja de ser una coincidencia interesante.
En una conversación privada con periodistas, el gobernador Alejandro Armenta habló de inversiones, de política y también de una de sus aficiones: el ajedrez.
Quienes conocen ese juego saben que su verdadero encanto no consiste simplemente en mover las piezas, sino en imaginar el tablero varias jugadas adelante.
Quizá por eso algunas cosas ocurridas unas horas después admiten una segunda lectura.
Una pieza que llevaba demasiado tiempo lejos del centro del tablero volvió a moverse.
Tony Gali regresó.
Durante años su historia política estuvo inevitablemente asociada con el azul.
Esta vez apareció de naranja.
El exgobernador y exalcalde de Puebla se incorporó a Movimiento Ciudadano y asumió una responsabilidad como delegado del partido en Puebla, acompañado por Fedrha Suriano y Dante Delgado.
No es solamente una fotografía.
Es una posición dentro del tablero rumbo a 2027.
La pregunta inmediata fue la más sencilla:
¿Qué gana Movimiento Ciudadano con Tony Gali?
Tal vez ésa no sea la pregunta verdaderamente interesante.
Hay otra.
¿A quién beneficia que Tony Gali juegue desde Movimiento Ciudadano en 2027?
Porque las elecciones no siempre se definen únicamente acumulando votos propios.
También se definen por la forma en que se distribuyen los votos de los adversarios.
Y Puebla capital puede convertirse en uno de los tableros más disputados de la elección intermedia.
Morena buscará conservarla.
El PAN intentará recuperarla.
Movimiento Ciudadano necesitará demostrar que puede convertirse en algo más que una tercera fuerza testimonial.
Tres objetivos distintos que podrían terminar encontrándose en la misma casilla.
Gali conoce perfectamente la capital.
La gobernó como alcalde antes de convertirse en gobernador.
Tiene relaciones empresariales, políticas y sociales construidas durante años y conserva algo particularmente valioso cuando una elección se cierra: reconocimiento.
Pero quizá su importancia no radique solamente en los votos que pueda sumar.
También puede estar en los votos que sea capaz de disputar.
Ahí comienza el ajedrez.
Una oposición dividida electoralmente puede resultar mucho más conveniente para Morena que una oposición articulada.
Porque el adversario peligroso no siempre es el que tiene más piezas.
Es el que consigue colocarlas juntas.
Desde esa perspectiva, la llegada de Gali al naranja adquiere otra dimensión.
No necesariamente como adversario de Morena.
Mucho menos necesariamente como aliado.
En política existen posiciones bastante más sofisticadas.
Hay piezas que atacan.
Hay piezas que defienden.
Y hay piezas cuya importancia consiste simplemente en ocupar la casilla que otro necesitaba.
Pero durante aquella conversación apareció además otra idea que merece atención.
Armenta volvió a hablar de algo que ha repetido públicamente durante meses:
es tiempo de mujeres.
La frase, por supuesto, no es nueva.
Lo interesante es el momento.
Porque cuando esa expresión reaparece mientras comienza a acomodarse el escenario de la elección de 2027, inevitablemente vuelve la mirada hacia los perfiles femeninos que se mueven alrededor de la sucesión municipal.
Todavía no hay candidatos.
Ni debería haberlos formalmente.
Pero sí hay posiciones.
Hay presencia.
Hay territorio.
Hay señales.
Y mientras buena parte de la conversación pública se concentra ahora en Tony Gali, quizá convenga observar con igual atención a las mujeres que se están moviendo alrededor del tablero poblano.
Porque puede ocurrir que el personaje que ayer ocupó prácticamente todas las fotografías no sea la pieza central de la partida.
Puede ser simplemente el movimiento que obligue a las demás piezas a revelar su posición.
Falta mucho para 2027.
Demasiado para sentenciar candidaturas.
Pero no demasiado para construir escenarios.
Los buenos ajedrecistas no improvisan cuando llega el momento decisivo.
Preparan posiciones.
Provocan movimientos.
Abren espacios.
A veces sacrifican una pieza para obtener una ventaja varias jugadas después.
Y, sobre todo, intentan que el adversario descubra demasiado tarde qué partida estaba jugando realmente.
Ayer en Puebla ocurrieron dos cosas aparentemente distintas.
Un gobernador habló de ajedrez.
Y un exgobernador reapareció vestido de naranja.
Puede ser coincidencia.
Por supuesto.
En política siempre existe esa posibilidad.
Aunque quienes llevan muchos años observando el poder conocen una peculiaridad de las coincidencias:
casi siempre se entienden mejor varias jugadas después.






Luis David García




