El laboratorio Naranja; la puerta que Gali abrió

Luis David García

Tony Gali no llegó solo a Movimiento Ciudadano. Entró acompañado por una pregunta que ya comenzó a inquietar al PAN, al PRI y también a Morena: ¿quién será el siguiente?

La pregunta importa, pero puede distraernos de lo esencial. MC no está buscando únicamente un candidato para Puebla capital ni preparando solamente la elección de 2027. Está abriendo una plataforma para recibir políticos conocidos, liderazgos municipales y estructuras que otros partidos formaron, promovieron y terminarán dejando fuera.

Movimiento Ciudadano todavía no tiene fuerza suficiente para disputar el control del estado. Lo que sí puede construir es un laboratorio donde 2027 sirva para reclutar y medir a quienes podrían competir en 2030.

LA PUERTA QUE ABRIÓ GALI

El nombramiento de Tony Gali como delegado de MC produjo demasiado ruido para considerarlo decorativo. El PAN reaccionó, el partido naranja celebró y Néstor Camarillo reconoció que respaldaría al exgobernador si llegara mejor posicionado a la candidatura por la capital.

Gali no garantiza los votos necesarios para ganar Puebla, pero le entregó a MC algo que no tenía: credibilidad en su puerta de entrada.

Antes, acercarse al partido naranja podía parecer un salto al vacío. Ahora puede convertirse en una salida o, por lo menos, en un instrumento de negociación para quienes comiencen a sentirse incómodos en sus partidos.

Ahí aparece Eduardo Rivera, invitado públicamente por Jorge Álvarez Máynez, aunque todavía permanece en el PAN. También Enrique Doger, quien conserva reconocimiento y experiencia, pero pertenece a un PRI que ya no posee la fuerza electoral de otros tiempos.

Eso no significa que ambos llegarán a MC. Significa algo más útil: ahora pueden negociar sabiendo que existe otra puerta, y quien tiene una salida siempre eleva el precio de quedarse.

EL EXPERIMENTO MUNICIPAL

El movimiento tampoco se limita a la capital. En San Martín Texmelucan, Abraham Salazar representa el ejemplo más claro de una estructura naranja construida desde el territorio.

Salazar ha competido dos veces por la presidencia municipal y dirige a MC en Texmelucan. Una encuesta publicada en junio colocó al partido con 11.3 por ciento de preferencia en el municipio, por encima de sus registros en Puebla capital, San Pedro Cholula, Tehuacán y Atlixco. Entre los perfiles naranjas, Abraham alcanzó 29.5 por ciento.

Todavía se encuentra lejos de Morena, pero MC no tendría que improvisar ahí una candidatura. Ya tiene un nombre conocido, organización y trabajo territorial.

En otros municipios comienza a dibujarse la misma lógica. En Atlixco, MC incorporó a Julio Águila Munive y las mediciones mencionan a Édgar Moranchel. En Tehuacán aparecen Maricarmen Culebro y Rafael Tamer; en San Pedro Cholula se mantienen las versiones alrededor de Isauro “Chawaro” López y Julio Lorenzini; mientras que en San Andrés, una eventual ruptura de Karina Pérez Popoca con Morena podría volver a colocarla frente a la puerta naranja.

No todos llegarán. Algunos utilizarán a MC para presionar dentro de sus partidos y otros sólo aparecerán en encuestas. Sin embargo, todos fortalecen la misma percepción: Movimiento Ciudadano comienza a funcionar como una opción para quienes pueden quedarse sin candidatura.

QUE LOS OTROS PAGUEN LA ESTRUCTURA

Ahí se encuentra el verdadero negocio político.

MC no necesita fabricar todos sus liderazgos. Puede esperar a que Morena, PAN y PRI los formen, les entreguen cargos, financien su posicionamiento, los promuevan, los midan y finalmente excluyan a algunos.

Morena tendrá que administrar su abundancia y el PAN sus divisiones. En cada municipio habrá más aspirantes que candidaturas, por lo que cada designación dejará inconformes, operadores desplazados y grupos buscando dónde colocar su capital político.

Movimiento Ciudadano solamente tendrá que abrir la puerta.

La fórmula parece sencilla: construir estructura con políticos cuyo posicionamiento fue pagado por otros partidos. El riesgo consiste en llenarse de resentidos sin identidad ni votos. Por eso MC tendrá que distinguir entre quienes realmente poseen territorio y quienes sólo llevan una encuesta favorable o una vieja fotografía.

2027 SERÁ LA AUDICIÓN

Los números todavía obligan a la prudencia. En 2024, MC ganó únicamente tres presidencias municipales en Puebla. Las mediciones de 2026 lo colocan entre 5.9 y 11.3 por ciento en algunos de los municipios más importantes del estado.

Gali no corrige por sí mismo esa debilidad. Tampoco podrían hacerlo individualmente Doger, Rivera, Karina, Camarillo o Abraham Salazar. Pero juntos pueden producir algo que el partido todavía no tiene: masa crítica.

Exgobernadores, exalcaldes, senadores, diputados, operadores, relaciones y estructuras municipales quizá no alcancen para conquistar Puebla en 2027, pero pueden resultar muy útiles para construir una candidatura competitiva en 2030.

La elección intermedia funcionará como una gran audición: permitirá descubrir quién tiene votos y quién sólo tiene nombre; quién conserva territorio y quién vive de la nostalgia; quién puede construir una estructura y quién únicamente busca sobrevivir.

La ruta sería clara: 2027 para reclutar y medir, 2028 para organizar, 2029 para seleccionar y 2030 para competir.

Eso ya no parece improvisación. Parece laboratorio.

PUEBLA TIENE ADUANA

Sin embargo, en Puebla ninguna recomposición política ocurre en el vacío. Se pueden cambiar siglas, negociar candidaturas y estrenar fotografías, pero el poder estatal tiene domicilio y hoy despacha en Casa Aguayo.

José Luis García Parra conoce el tablero y entiende que un adversario dividido puede ser útil, mientras uno fortalecido comienza a convertirse en problema. Por encima está Alejandro Armenta, gobernador y jefe político del estado, para quien una eventual concentración de Gali, Camarillo, Doger, Karina, Rivera y distintas estructuras municipales bajo una misma marca difícilmente pasaría inadvertida.

El poder sofisticado no necesita decidir quién entra a Movimiento Ciudadano. Le basta con observar, medir y determinar qué adversario conviene dejar crecer.

Por eso MC podrá reclutar, negociar y preparar su camino hacia 2030, pero cometería un error si confundiera una puerta abierta con un territorio sin dueño.

Tony Gali fue el primero, pero no será el último. Abraham Salazar demuestra que el proyecto también puede crecer desde los municipios, mientras otros nombres esperan las decisiones que Morena, PAN y PRI todavía no han tomado.

Unos llegarán por convicción, otros por exclusión y algunos únicamente para elevar su precio antes de quedarse donde están. Movimiento Ciudadano tendrá que distinguirlos, porque de esa selección dependerá que se convierta en una verdadera alternativa o solamente en una sala de espera para políticos inconformes.

Mientras todos preguntan quién será el próximo naranja, García Parra hace cuentas y Armenta observa el tablero. Porque los partidos reparten candidaturas y los ciudadanos reparten votos, pero el poder comienza mucho antes: cuando alguien decide qué adversario conviene dejar crecer.


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