Se hace camino al andar…

Desde los primeros días de escuela, mis maestros me enseñaron a amar a México. Me enseñaron que la libertad por decidir cómo queríamos vivir, con qué leyes y con qué gobierno; se había pagado con el sufrimiento y con la vida de muchas mexicanas y mexicanos. Cómo no honrar a Hidalgo, a Morelos, a Allende, a Josefa Ortiz Téllez-Girón, a Vicente Guerrero, a Leona Vicario o a los liberales defendiendo la República; Juárez, Zaragoza, Melchor Ocampo, Mariano Escobedo, el propio Porfirio Díaz.
Esas generaciones de grandes mexicanas y mexicanos, nos heredaron la independencia y con ella la libertad para decidir qué país queremos y cómo queremos vivir. Nos heredaron la soberanía.
Con el liderazgo de AMLO; en el 2018 la mayoría de las y los mexicanos decidimos impulsar un nuevo proyecto de nación, bajo la premisa: “Por el bien de todos, primero los pobres”.
Este proyecto de nación se ratifica en el 2024 con el mandato a nuestra presidenta Claudia Sheinbaum de consolidar un modelo político, económico, humanista que distribuya equitativamente la riqueza y genere más y mejores oportunidades para todas y todos los mexicanos. En otras palabras, la prosperidad compartida.
Sin embargo, este modelo se contrapone con la visión del gobierno de los E.E.U.U. y de los intereses económicos de algunas élites del mismo.
Las acciones desestabilizadoras, por ejemplo: el retiro de la VISA a algunos mexicanos políticamente expuestos, se utilizan como herramienta política para generar desconfianza y socavar la legitimidad del actual gobierno de México.
Esta es una historia repetida, México ha enfrentado estos intentos en los momentos de cambio político y social más relevantes de nuestro país. Lo hicieron durante los años 40s del siglo XIX, cuando a través de la intervención militar, se adueñaron de la mitad de nuestro territorio. Durante la guerra de Reforma, con el intento de construir un canal que permitiera comunicar al Océano Atlántico con el Océano Pacífico en la Región del Istmo de Tehuantepec. Lo intentaron también en la firma de los tratados de Bucareli; durante la Revolución mexicana en la disputa por la riqueza del subsuelo mexicano. Sus intereses colonialistas los han llevado a toda América Latina y a otras partes del mundo.
En los tiempos recientes, en razón de sus intereses neocolonialistas, han intervenido en Venezuela, secuestrando a un presidente e imponiendo a otra afín a sus intereses y absolutamente subordinada a su mandato.
En Argentina, Chile, Perú y Colombia, su injerencia en los procesos electorales ha propiciado la caída de gobiernos progresistas y el arribo de gobiernos afines a su visión e interés y contrario al interés de la mayoría de las personas de estos países en perjuicio de la calidad de vida de la población. Hoy trabajan más y ganan menos. Han impuesto modelos individualistas y empobrecedores como lo hemos vivido en México.
El momento histórico que vivimos, nos obliga a reflexionar individual y colectivamente. ¿Qué país queremos? ¿Cómo queremos vivir? ¿Quién y cómo queremos que nos gobierne? Por encima de los escándalos y la desinformación, nuestra reflexión debe ser en razón de la transformación de nuestra vida cotidiana, de manera individual y colectiva. Nuestra mesa, nuestra casa, nuestra escuela, nuestra clínica, nuestro trabajo.
Quienes coincidimos con el rumbo de transformación del país debemos atender a la convocatoria de unidad de nuestra presidenta Claudia Sheinbaum, cuando dice: “La soberanía no se vende, ni se negocia, la soberanía se defiende”.
Por encima de los intereses personales o de grupo, actuemos con responsabilidad histórica, pongamos nuestro trabajo y nuestro esfuerzo en la defensa de nuestra soberanía. México nos necesita unidos y organizados.





J. Guillermo Aréchiga S.


