Entre la ley y la avenida; primer año legislativo de Miguel Trujillo

En tiempos donde la política se ha vuelto sinónimo de promesas llanas y discursos repetidos, el informe de labores del Diputado Miguel Trujillo llega como un recordatorio de que aún es posible hacer política con los pies en la tierra. Su primer año legislativo representa un ejercicio de rendición de cuentas que va más allá del protocolo: es la radiografía de un servidor público que entiende que el poder solo cobra sentido cuando transforma la vida cotidiana de la gente.
Con 31 iniciativas presentadas que impactan 15 instrumentos jurídicos del estado, Trujillo ha demostrado que la actividad legislativa no debe reducirse a la foto del momento. Su agenda tiene una columna vertebral clara, fortalecer la seguridad y la justicia, elevar los estándares en salud y educación, proteger a las víctimas y grupos vulnerables, y modernizar las instituciones para que sirvan mejor a Puebla. No es casualidad que diez de sus propuestas busquen reformar el Código Penal del Estado; es la respuesta lógica de quien entiende que las leyes deben actualizarse al ritmo en que evoluciona la realidad social.
Tres de aquellas iniciativas ya fueron aprobadas, y cada una tiene un propósito que trasciende la retórica del lenguaje incluyente o las buenas intenciones. La modificación del término “servidor público” a “persona servidora pública” en la Constitución Poblana puede parecer un ajuste menor, pero simboliza el compromiso con la igualdad nominal que debe reflejarse en igualdad real. Lo mismo ocurre con la prohibición de circular en motocicletas con placas alteradas responde a una necesidad urgente de seguridad ciudadana. Y la obligación de brindar trato digno en las instituciones de salud es un recordatorio de que la calidad del servicio público se mide en el rostro humano con el que se brinda.
Pero donde el trabajo de Trujillo adquiere una dimensión verdaderamente humana es en las iniciativas que aún están en proceso. Su propuesta para evitar la revictimización en delitos contra la intimidad sexual —sustituyendo el material explícito en carpetas de investigación por informes técnicos— habla de un legislador que comprende el dolor de las víctimas más allá de las estadísticas, sobre todo en un país tan lacerado por el crimen. Por otro lado, la sanción para escuelas que operan sin validez oficial protege el patrimonio y el futuro de familias enteras. Y finalmente, la prohibición de celulares en centros penitenciarios ataca directamente las redes de extorsión que han convertido las cárceles en centros de operaciones criminales. Enfatizo nuevamente su compromiso para con la ciudadanía y la seguridad de todos nosotros.
Una mención especial merece su propuesta para sancionar a quienes se beneficien económicamente del trabajo infantil en espacios públicos, hecho que prioriza la canalización a programas sociales antes que el castigo judicial. Lo anterior, es una muestra de sensibilidad legislativa que entiende que detrás de cada niño trabajando en la calle hay una familia en crisis que necesita apoyo, no represión.
El Diputado Trujillo también asumió la presidencia de la Comisión de Control, Vigilancia y Evaluación de la Auditoría Superior del Estado, consolidando una fiscalización que, según sus palabras, debe ser “técnica, oportuna y entendible para la ciudadanía”. En un país donde la opacidad en el manejo de recursos públicos ha sido la norma, su gestión representa un esfuerzo por acercar la rendición de cuentas a la gente común.
Pero lo que verdaderamente distingue a Trujillo de la mayoría de sus colegas es que no se quedó en el recinto legislativo, el diputado recorrió su distrito —Amozoc, Tecali, Tepatlaxco, Cuautinchán y Acajete— con una agenda de gestión social que abarca desde la entrega de pintura para escuelas, hasta la impermeabilización de aulas, pasando por la donación de sillas de ruedas, el apoyo a bandas municipales y la organización de celebraciones infantiles. Éstas, definitivamente, son las que tocan la vida diaria de cientos de familias.
Su participación en el programa de Obra Comunitaria del Gobernador Alejandro Armenta ha dejado un rastro tangible: bardas perimetrales en jardines de niños, canchas deportivas rehabilitadas, sistemas de drenaje dignificados, sanitarios escolares restaurados, luminarias solares instaladas y herramientas para artesanos. Son intervenciones modestas en su escala, pero enormes en su impacto para comunidades que han sido históricamente relegadas.
El discurso de Trujillo cierra con una declaración que pareciese andar las avenidas de un lugar común pero que cobra peso cuando se lee a la luz de su trabajo: “no mentir, no robar y no traicionar”. Son los principios del Movimiento de Regeneración Nacional, sí, pero también la apuesta personal de un político que entiende que la confianza pública se construye con hechos, no con palabras.
Queda pendiente, por supuesto, el cabildeo de las iniciativas en trámite y la continuidad del trabajo territorial. Pero este primer año legislativo deja claro que Miguel Trujillo apostó por una forma de hacer política que combina la visión legislativa con la presencia en territorio. Entre la ley y la calle, eligió caminar por ambas. Y eso, en estos tiempos, ya es un logro en sí mismo.




Javier Gutiérrez Lozano


