Se murió el Canelo

No se asusten. El Canelo fue mi perro, mi gran compañero durante los últimos 5 años.
De toda la vida recuerdo que siempre en mi casa vivieron uno o más perros. El Canelo fue especial, el cómo llegó, el cómo vivió y, lamentablemente, el cómo murió.
Recuerdo al Boris, un pastor alemán bravo, que vivía en la casa de la 9 Poniente y en realidad era temible para mis hermanos y para mí. Solo la muchacha se atrevía a subir a lo que llamábamos gallinero a dejarle su comida.
Este día les platico de cómo fue la vida con el Canelo. Llegó a mi casa en tiempos de pandemia. Su dueña murió y alguien puso un anuncio en Face. Mi esposa llamó que lo quería y al día siguiente el Canelo llegó a mi casa. Era un pastor español, color canela y blanco, con aproximadamente 2 años, según fuimos avisados por el veterinario. Perfectamente educado en hacer sus necesidades fuera de la casa y con una gran ternura hacia todos los que lo conocieron. En casi 6 años que vivió con mi esposa y yo, no menos de mil noches se durmió en mi cama, en medio de los dos. Su colchón estaba a un lado de la cama, pero se ponía de mi lado y me hacía un ruido que siempre identifiqué como “invítame a subir”. Simplemente le decía por su nombre y de un brinco se subía. Sus mejores momentos eran en el campo; corría y regresaba al primer grito, un gran compañero. En viajes, paseos, restaurantes, cafés, mi compañero. Se acostaba a mis pies y más de uno me pedía foto, pero con el Canelo de testigo.
El pasado fin de semana, al sacarlo a darle una vuelta por los predios de Tenextepec, en la esquina de mi propiedad, el dueño abrió su portón, no se dio cuenta de que su perro se salió y atacó por atrás al Canelo, haciéndole una herida que necesitó 12 puntos de sutura. El pasado lunes, de la misma forma, el mismo perro se salió de su casa, en otra distracción de su propietario, y atacó a mi jardinero. El sábado previo al ataque a mi Canelo, el dueño me pidió una disculpa, haciéndose responsable de que no volvería a pasar. Mi esposa fue la que lo paseaba y pudo ser atacada ella.
Ayer martes se veía muy mal. El lunes no levantó y el martes lo llevamos al veterinario en calidad de moribundo, cargado con la ayuda de una sábana. No resistió la infección. La mordida fue a la altura del pene y me dicen que, por la corriente sanguínea de esa zona, la infección se expandió. Por más esfuerzos que hizo el médico, no logró salvarle la vida. De parte de la dependencia que se encarga de los seres vivientes, Lic. Ballesteros, Michel Islas y su departamento jurídico, recibí todas las atenciones posibles y la explicación del caso, mismas que agradezco profundamente.
La presunta inocencia no debería existir: el perro del vecino mató a mi perro y el responsable es el dueño del perro que mató.
Después, mostrar video de la calle, análisis del veterinario, demanda en la fiscalía, esperarse a dos o tres amparos, etc., son de más. El dueño me pidió disculpas y, a sabiendas de cómo es el sistema jurídico, permanecí callado, solo viendo las lágrimas de mi esposa y el vacío que me deja un ser viviente, mi Canelo. El dueño, según el código, merece un castigo penal. Casos como este tengo archivados 3 y ninguno con solución después de que los jueces fallaran a mi favor. Me pregunto qué puedo esperar.
Solo me resta agradecer a Dios los momentos tan felices que nos hizo pasar el Canelo.




José Luis Sánchez Solá





