28 de octubre, la mafia que se convirtió en “El cártel del caos”
Luis David García
La Unión Popular de Vendedores Ambulantes (UPVA) “28 de Octubre” se ha presentado como un movimiento de resistencia en favor de los comerciantes informales de Puebla, pero nada más alejado de la realidad; con el paso del tiempo, su imagen de organización social ha sido cuestionada por diversas denuncias de abuso de poder, violencia y manipulación interna.
Un inicio de lucha, un desarrollo de intereses
El 28 de octubre de 1973, bajo las órdenes del presidente municipal Luis Velázquez Lapuente, el Centro Histórico de Puebla fue testigo del desalojo a la agrupación. Granaderos y maquinaria pesada arrasaron con los puestos de los vendedores ambulantes; tras lo ocurrido nació la resistencia: los afectados se unieron para crear la UPVA “28 de Octubre”, atribuyendo el nombre a la fecha de aquél episodio. Se conformaron con la bandera de defender el derecho al trabajo. Pero con el tiempo, esta organización ha perdido su rumbo, alejándose de sus principios originales y sumergiéndose en redes de corrupción y abuso de poder. Lo que inició como una lucha legítima, hoy se ha convertido en un reflejo de los mismos vicios que alguna vez combatió.
A raíz de este suceso, el gobierno lanzó el Plan de Descentralización Comercial como una medida para frenar el caos generado por la corrupción dentro de la UVPA en Puebla. Esta estrategia dio paso a la creación de mercados como Hidalgo, Morelos y Emiliano Zapata, además de la Central de Abasto de Puebla (CAPU). En 1986, bajo la administración de Jorge Murad Macluf, se logró un acuerdo que supuestamente eliminaría a los ambulantes del centro histórico. Sin embargo, este pacto estuvo marcado por irregularidades y concesiones turbias que beneficiaron a unos cuantos, perpetuando así la influencia de la UVPA en el comercio informal de la ciudad.
¿Lucha social o control político?
A pesar de su discurso en favor de los comerciantes, la UPVA ha acumulado denuncias por prácticas cuestionables. Comerciantes afiliados han denunciado la imposición de cuotas, agresiones físicas y presiones para participar en protestas y movilizaciones políticas.
Uno de los episodios clave en la transformación de la UPVA en un grupo de poder se dio en 1989, cuando el gobierno municipal permitió que otro grupo de vendedores, “La Unión”, se estableciera en parte del Mercado Hidalgo. A partir de entonces, comenzaron enfrentamientos entre ambas organizaciones, cada una luchando por el control del comercio informal en la zona. La UPVA se adueñó de mercados con el estandarte de lucha social, pero hoy son un nido de violencia.
Durante la década de los noventa, los conflictos se intensificaron con incendios en mercados clave como Zaragoza, Zapata y CAPU, además de la destrucción de puestos en el Mercado Hidalgo y Héroes de Puebla. En ese contexto, el líder de la UPVA, Rubén Sarabia Sánchez, alias “Simitrio”, fue encarcelado por más de 20 años, asegurando que su arresto fue una represalia política por parte del Partido Acción Nacional en Puebla pero, curiosamente, su liberación en el año 2017 fue facilitada por un gobierno del mismo partido que, según él, lo reprimió en el pasado.
Violencia interna y relación con la política
Otro de los hechos ocurridos más cruentos en la historia de la UPVA fue el asesinato de Meztli Omixochitl Sarabia Reyna, hija de Simitrio, en 2017. Sicarios irrumpieron en las oficinas del Mercado Hidalgo y la ejecutaron a balazos. Hasta hoy, el caso sigue sin resolverse, pero las dudas sobre posibles ajustes de cuentas o traiciones internas continúan.
La UPVA en Puebla ha sido un nido de corrupción y manipulación política disfrazada de independencia. Aunque presume estar alejada de los partidos, entre 2018 y 2019, su líder, Simitrio, permitió que candidatos a la gubernatura y alcaldía recorrieran el Mercado Hidalgo, levantando sospechas sobre acuerdos ocultos en favor de la cúpula dirigente.
En 2023, el control de la organización pasó de manera hereditaria a su hijo, Xihuel Sarabia Sánchez, bajo el pretexto de problemas de salud. Esta imposición desató el rechazo de muchos afiliados, quienes denunciaron el fraude y la falta de democracia en una estructura que se ha convertido en un feudo familiar más que en una verdadera representación de los comerciantes. La UPVA, lejos de ser un baluarte de justicia social, se ha transformado en un mecanismo de poder y negocio para unos cuantos.
Lo que alguna vez fue una agrupación estudiantil en defensa de los derechos sociales, hoy se ha transformado en un aparato de poder descontrolado, marcado por corrupción, extorsión y violencia. Denuncias recientes en redes sociales revelan que los líderes de la UPVA han impuesto un régimen de intimidación en mercados locales, utilizando grupos de choque para apropiarse de espacios comerciales y someter a los comerciantes a su voluntad.
Según algunos testimonios de afectados, los dirigentes no solo exigen cuotas arbitrarias bajo amenazas, sino que también recurren a agresiones físicas y presiones constantes para mantener su control. Quienes se oponen o intentan desafiar su dominio son castigados con represalias que van desde el hostigamiento hasta el despojo de sus puestos de trabajo.
Este giro oscuro de la UPVA deja en evidencia el peligro de organizaciones que, bajo la bandera de la resistencia social, terminan operando como mafias que lucran con el miedo y la coerción.
UPVA Hoy: ¿Defensores del pueblo o grupo de presión?
Actualmente, la UPVA tiene poco más de 15 mil agremiados; y sigue siendo una fuerza que paraliza la ciudad con bloqueos y protestas, interviniendo incluso en conflictos ajenos a su bandera directa, fungiendo como “solidarios” con distintas causas latentes, valiéndose de que su presencia ha llegado a trascender fronteras, colocándose en la mira de foros internacionales.
Es sabido que la organización que luchaba por los derechos de los comerciantes ambulantes; hoy es un grupo que ha perdido su razón de ser y se ha convertido en un aparato de presión que opera a conveniencia. La pregunta sigue en el aire: ¿Realmente representan a los vendedores, o solo buscan consolidar su propio poder?