La peligrosa polarización: el amor a México no se negocia

La senadora Lily Téllez apareció recientemente en Fox News para hablar mal de México. Sí, desde Estados Unidos. Pidió intervención extranjera, cuestionó la legitimidad del gobierno, y volvió a hacer lo que tan bien domina: escandalizar para encubrir la falta de propuestas. Y aunque muchos nos indignaron —con razón—, la realidad es que sus declaraciones no sorprenden. Lo que preocupa es lo que revelan: que la oposición mexicana no solo está desorientada, sino que parece haber renunciado por completo a la idea de representar algo más que su propio enojo.
Téllez no es la excepción. Es el síntoma. ¿Dónde están los cuadros opositores con visión de país? ¿Dónde están los liderazgos con autoridad moral? ¿Dónde está esa supuesta “alternancia” que durante años se vendió como sinónimo de democracia?
La respuesta es incómoda, pero necesaria: no están. No hay ideas, no hay propuestas, no hay territorio. Los partidos de oposición se han convertido en refugio de quienes perdieron sus privilegios y hoy solo saben resistirse al cambio, aunque eso implique sabotear los avances del país.
Mientras tanto, el proyecto de la Cuarta Transformación sigue caminando. Y no es un tema de percepción. Es un tema de datos: en 2024, la pobreza bajó a 29.6% (eran más de 55 millones en 2020 y ahora son 38.5 millones). La pobreza extrema cayó de 8.5% a 5.3%. Y por primera vez en décadas, más de 42 millones de personas en México viven sin ser pobres ni vulnerables. No es magia. Es una visión de Estado distinta: más salario, más inversión pública, más programas sociales con rostro humano.
En lugar de reconocer esto, la oposición apuesta por el desprestigio. En lugar de reconstruirse, se encapsula en sus cúpulas. Ahí siguen Marko Cortés y Alejandro “Alito” Moreno, cuidando el fuero como su más preciado recurso, mientras el país real —el de la gente trabajadora, el de quienes quieren oportunidades y no discursos vacíos— les da la espalda.
Porque esa es la verdad: mientras Morena y el movimiento de transformación renuevan liderazgos, caminan las calles y se consolidan en el territorio, la oposición está de vacaciones. O peor: está de espectadora, esperando que algo “salga mal” para gritar “se los dije”, como si el desastre fuera una estrategia legítima de retorno al poder.
Pero este país no puede vivir esperando que a su gobierno le vaya mal para que otros regresen. Eso no es democracia. Eso es mezquindad.
Hoy más que nunca necesitamos una oposición seria. Una que contraste desde la propuesta, no desde el berrinche. Una que debata con argumentos, no con filtraciones. Una que entienda que hacer política no es ir a Washington a pedir ayuda, sino construir desde aquí una alternativa real.
Mientras tanto, en este lado, seguimos trabajando.
Porque gobernar sí es una responsabilidad.
Porque transformar un país no se hace desde el rencor.
Y porque la oposición no puede ser solo el eco de sus derrotas.





Nora Escamilla




