Mujeres que enseñan, mujeres que cuidan el bienestar de Puebla

Cuando hablamos de educación en Puebla, no estamos hablando solo de escuelas, planes de estudio o cifras oficiales. Estamos hablando de personas. Y, en su mayoría, estamos hablando de mujeres.
De acuerdo con cifras oficiales, durante el ciclo escolar 2024–2025, en nuestro estado brindaron clases más de 104 mil docentes en todos los niveles educativos. Tan solo en educación básica —preescolar, primaria y secundaria— se concentran entre 58 mil y 63 mil maestras y maestros. De ellos, el 78 por ciento son mujeres. Este dato no es menor: confirma lo que vemos todos los días en las aulas y en las comunidades.
Son mujeres las que acompañan los primeros pasos de nuestras niñas y niños. Las que detectan miedos, talentos y necesidades. Las que escuchan, orientan y, muchas veces, se convierten en un segundo apoyo emocional fuera de casa. Mujeres que educan con paciencia, con vocación y con una enorme responsabilidad social.
Estas maestras atienden a más de 2 millones de estudiantes en más de 14 mil planteles a lo largo y ancho de Puebla. Muchas lo hacen en contextos complejos, con carencias materiales, largas jornadas y responsabilidades que no terminan cuando suena el timbre de salida.
Y aquí quiero decirlo con claridad y desde lo personal: el bienestar no empieza solo en los programas públicos, empieza en las personas que cuidan, forman y acompañan. Empieza en el aula, pero también en el hogar.
Porque, así como las mujeres sostienen gran parte de la educación en las escuelas, también son fundamentales en la formación desde casa. Son madres, abuelas, cuidadoras, jefas de familia que transmiten valores, hábitos, disciplina y afecto. Mujeres que enseñan con el ejemplo y que, muchas veces sin reconocimiento, construyen las bases del desarrollo emocional y social de nuestras niñas y niños.
Desde la Secretaría de Bienestar entendemos que no hay bienestar posible sin educación, y que no hay educación sólida sin mujeres fuertes, valoradas y acompañadas. Cuidar a quienes educan es cuidar el presente y el futuro de Puebla.
Reconocer a las maestras no es solo agradecer su trabajo; es asumir un compromiso con su dignidad, sus derechos y sus condiciones de vida. Porque cuando una mujer tiene bienestar, lo multiplica. En su familia, en su comunidad y en toda la sociedad.
Yo creo firmemente que invertir en las mujeres que enseñan —en el aula y en casa— es la mejor decisión que podemos tomar como estado. Porque ellas no solo forman estudiantes: forman personas.
Y eso, sin duda, es bienestar.





Laura Artemisa




