El Municipio y el Plan B

La crisis de los municipios no se resuelve solamente disminuyendo el número de regidores.
Hace dos semanas escribimos sobre la importancia de la autonomía fiscal en los ayuntamientos; la semana pasada, sobre el papel de la participación ciudadana para lograr esa autonomía municipal. Esta semana seguimos escribiendo del municipio libre, ese consagrado en el 115 de nuestra Carta Magna.
La semana pasada, la presidenta Claudia Sheinbaum planteó enviar al Congreso una serie de reformas a leyes reglamentarias. Entre algunos temas a regular, esbozó la posibilidad de reducir el número de regidores y síndicos en un Ayuntamiento.
El número de diputados en un congreso es un asunto de representatividad. Los congresos en las naciones democráticas tienden a ser más numerosos dependiendo de la población a representar. El razonamiento democrático es que no se debe concentrar el poder en unos cuantos. Mientras más grande sea el congreso, mayor diversidad de ideas y mayor democracia. Al menos, esa es la idea.
La realidad es que la población no confía en sus diputados. Lo siento, eso dicen las estadísticas: por ejemplo, de acuerdo a la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental hecha por el INEGI en 2023 solo 3 de cada 10 mexicanos confían en sus Congresos. Aunque la solución no debe ser eliminarlos, sí vale la pena hacer una revisión al marco normativo para asegurar que cumplan con su trabajo.
Pero vamos al Ayuntamiento, tema que nos apasiona. Ya lo hemos dicho: es la base de la organización política y administrativa de nuestro país, la autoridad con mayor contacto con la población.
De acuerdo con la Constitución Federal, “cada municipio será gobernado por un Ayuntamiento de elección popular directa, integrado por un presidente y el número de regidores y síndicos que la ley determine”.
Hoy, en cada estado, la ley determina un número de síndicos y regidores distinto, siempre de la mano con el número de habitantes del municipio. Ya saben, por aquello de la representatividad.
A diferencia de los congresos locales —que son un poder distinto al Ejecutivo que recae en cada gobernador—, los regidores y síndicos forman parte del Ayuntamiento, al igual que el presidente municipal, siendo sus pares. Administrativamente tienen funciones diferentes, pero cuando están reunidos constituyen la máxima autoridad en la demarcación territorial, en términos de las atribuciones que les confieren las leyes derivadas del artículo 115 constitucional.
¿Los regidores y síndicos son muchos o son pocos? En nuestro estado, a diferencia de otros, solamente hay una persona titular de la sindicatura municipal. Dependiendo de la población, los ayuntamientos están integrados de 8 a 23 regidores; en todos los casos, además del presidente municipal y el síndico.
Creo que corren la misma suerte que los diputados. Y creo que aún peor. Los regidores no solo pueden tener mala imagen: simplemente no la tienen. La gente no sabe a ciencia cierta qué hacen. Y en la práctica, en muchos casos, hacen poco, si no es que nada. Si analizamos las iniciativas sometidas a aprobación del Cabildo, aunque son suscritas por los regidores, en realidad suelen ser elaboradas por alguna dependencia de la administración pública o enviadas por el Ejecutivo estatal.
Reducirlos, en este caso, podría generar mayor atención de la opinión pública sobre cada regidor, aunque también facilitaría que el presidenta pueda tener un control absoluto. Hoy quizá son muchos, pero se perciben así porque parece que no aportan. Tal vez habría que explorar otras opciones antes de disminuirlos, por popular que pueda resultar la medida.
En algunos estados, como Nayarit, han optado por otorgarles a los regidores una representación más concreta: cada uno representa una zona de la ciudad y los electores los eligen de forma más directa. Habría que preguntarles a los nayaritas qué tanto trabajan sus regidores y qué tan representados se sienten.
Desaparecer a regidores, no desparecerá su falta de productividad por arte de magia, ojalá la reforma no se quede solamente en la cantidad y vaya a la calidad.
Apunte al aire
Hay regidores que pueden pasar años sin aportar nada, vaya, hasta repiten por ser consentidas de su partido, incluso con trampas se aferran a una silla. Quizá se excusen en que son de oposición y poco pueden hacer para cambiar los destinos de un municipio. Eso no les ha impedido intentar —o al menos aparentar— tener control de cierta parte del Cabildo. ¿Con qué fin? El chantaje al presidente en turno y la aprobación de sus cuentas públicas. Mientras se cumplan sus acuerdos, incluso felicitan a todos los secretarios en funciones…si se incumplen, votar en contra sin un razonamiento siempre es buena opción.
También hay ejemplos de miembros del Ayuntamiento que sí cumplen con lo propuesto en este espacio: la profesionalización. He sido muy crítico con la oposición, y es que basta ver lo pobre de sus argumentos y la falta de habilidad para construir agenda. Pero siempre hay excepciones. Ahí está Guadalupe Arrubarrena, regidora en el Ayuntamiento de Puebla. Se puede o no estar de acuerdo con ella, pero sus argumentos tienen fondo y, sin aparatos de mercadotecnia costosos, ha hecho lo que le toca: dar razones en Cabildo, motivar sus posiciones e incluso denunciar malas prácticas.
Si hubiera más “Lupitas” en el Cabildo y menos como las que describí en el primer párrafo de este apunte, creo que ni siquiera estaríamos discutiendo una reducción de regidores en los Ayuntamientos.




Horacio Cano



