El relojito cucú

“Después de intentar por mis propios medios de resolver la falla del carro, me rendí y le marqué a papá”– eso nos dijo mi hermano Josaphat luego de un incidente que tuvo en carretera.
Recurrió a nuestro padre como otros amigos han buscado al suyo. Acudieron a esos papás que prestan dinero, que les arreglan humedades de la casa, que viajan por horas para acompañar un dolor sin importar la distancia. El papá de muchos es el pilar y estructura de sus casas, magia y amor; para otros, es el verdugo, el ausente, el egoísta, el que está sin cabeza en la foto familiar, el que se fue con el humo del cigarro. El papá como el relojito de una canción.
Para Rodrigo García, hijo de Gabriel García Márquez su papá fue el ejemplo de constancia, de realismo mágico en la literalidad de las palabras, y para mí como lectora, su relación fue una sacudida al encontrar la descripción de una charla tan dolorosa como real.
Hasta hace poco, incluso cuando ya ni sabía quién era yo, mi padre se quejaba cada vez que me despedía «No, hombre, ¿por qué te vas? Quédate. No me dejes.» Siempre era una patada en el estómago”.
Rodrigo cuenta en el libro Gabo y Mercedes: una despedida, cómo la memoria del colombiano se desdibujó; habla de su papá más que de el escritor. Habla de la memoria. Nos abre su corazón y describe la figura del padre que deja huella. Su historia me resultó tan estremecedora como el video del cantante David Bisbal, que interactúa con su padre y con los pocos recuerdos que le quedaban debido a su salud. Le cantaba para regresarlo a la realidad, una que solo quienes lo atraviesan lo entienden.
En cambio, el padre de Alma Delia Murillo, escritora mexicana de una nueva ola de mujeres que ponen en sus plumas verdades apabullantes, cuenta con una honestidad el viaje que hizo para encontrar a su papá, hecho que, en principio molestó a su madre; algo obvio si consideramos que le cayó la presión de criar a ocho hijos sola. El padre de Alma se fue, pero ella lo encontró quizá para sanar o reclamar o tener respuestas del abandono, de cuestionarse si su vida habría sido otra con papá en casa.
En otros casos como el de Jorge Volpi, fue su gurú “mi padre se distinguía por ser el más listo y cultivado; era, ya lo dije, el único profesionista de la familia. El doctor. Nada me hacía admirarlo como su inteligencia…” dice el escritor en las hojas de Examen de mi padre donde hace un recorrido por realidades que vivió y vive México, pero sobre todo, comparte ensayos y la autopsia de su vinculo paterno.
Como ellos, todos tenemos historias. Para mi hermano, nuestro padre muestra un antes y un después de ser abuelo. Es otro y es quien corre si tenemos un problema.
¿Para ti qué es tu papá? Para mí fue la letra de una canción hoy es el momento de un asado.
Recién una gran persona me dijo que tenemos aura y que sonamos. Si eso es verdad, tendré que cambiar la canción con la que marqué durante años a mi papá. Ahora creo que suena a una pieza de Barry White, a guitarras y a movimiento.
Asombrosa es la manera en que tejemos nuestro camino en relación con un padre, para bien o para mal. O quizá nos hemos contado historias a partir de recuerdos que no se parecen a los que conserva un hermano, pese a haber tenido el mismo padre. Pero como yo suelo vincular lo cotidiano de la vida con los recursos literarios que acumulo en mi mueble, cerraré con algo que dijo Ryszard Kapuściński al respecto:
Podremos mentir sin pretenderlo, solo porque nuestra memoria es limitada, porque los recuerdos son erróneos o bien a causa de nuestras emociones”.





Laura Flores Gómez




