Las fiestas de Día de Muertos, sin duda, son algo muy mexicano.
Hemos platicado algo de historia en estos días, e historia de México. Siempre me ha gustado; vaya, me gradué de la universidad escribiendo sobre historia. Siempre ha dado vueltas en mi cabeza qué hace mexicanos a los mexicanos, valga la redundancia. Tomando en cuenta que un mexicano nace donde… quiere, parafraseando a Chabela Vargas, creo que sí hay sellos muy distintivos que nos hacen muy mexicanos.
Muchos se equivocan y dicen que México nació en 1810; otros, que en 1821. Para mí, la fundación de la gran nación mexicana sucedió ni más ni menos que con la caída del Imperio mexica en 1521, sellando esa unión un 12 de diciembre de 1531. Así las cosas, esa mezcla maravillosa entre lo esplendoroso de dos mundos dio como fruto a los mexicanos. Ya después vino la fundación y consolidación del Estado mexicano, una cosa muy diferente.
Pero ¿cuál es la esencia del mexicano? Algunos amigos me dicen que en realidad no existe, que es construida por todos aquellos símbolos impuestos en el proyecto callista de imponer esa religión-Estado. Porque piénsenlo bien, los ritos de honores a la bandera son muy similares a los que los católicos le rendimos al Santísimo Sacramento, y así podemos hacer muchos parangones… En fin, eso da para otro texto.
Pero quizá el sabernos y admirar a ciertos héroes de estampita nos hace tener algo en común, eso es cierto. También lo es, aunque mis amigos jacobinos trasnochados se enojen, que las creencias cristianas están muy arraigadas desde la fusión de todas estas culturas. Vaya, la religión fue la amalgama de esta gran nación. Quien no lo vea así sigue en negación…
El mexicano puede ser muy soñador, cree que todo puede. Solo vean la cantidad de candidatos a ocupar la candidatura de Morena. Algún amigo me decía:
«Es legítimo y es legal».
No le he respondido, pero podría contestarle: es cómico, pero también trágico. Así como el mexicano mismo, que vivimos a veces una gran tragicomedia.
El mexicano es dado a la nostalgia, a la melancolía, a la añoranza. Solamente vean las letras de las canciones populares, escuchen a José Alfredo y díganme qué sentimiento les queda después de escucharlo. Aunque también podemos ser muy alegres, como un son veracruzano o una banda sinaloense.
Ahora que vienen fechas en que celebramos a todos los santos difuntos, veamos cómo es muy mexicano burlarnos hasta de la muerte. Aunque no lo crean, tiene un sentido muy cristiano, pues es propio de quien cree en la salvación de las almas tener una actitud de esperanza ante el fin de nuestros días, una actitud de alegría que el mexicano expresa en forma de burla.
Aunque pensar en el fin de nuestro tiempo es difícil, también es muy del mexicano desviar la atención de lo complicado y preferir hacer calaveritas y chistes, no por ello siendo irrespetuoso ante este evento por el que todos vamos a pasar, que es la muerte. Todo lo contrario, es una forma muy mexicana de recordar que ese día llegará.
Las celebraciones de Día de Muertos, las de Michoacán, sobre las que he escrito que me encantan, o las de cualquier pueblo de nuestro país son esa muestra de la mezcla entre las culturas que construyeron esta gran nación mexicana. Ahí podemos ver las creencias de los pueblos mesoamericanos, pero pasadas por el tamiz cristiano. Muchos dicen que se trata de un gran sincretismo; en mi opinión, es una gran mezcla de tradiciones que utilizaron como pegamento el cristianismo. Todo está dirigido a esa esperanza de la salvación después de la muerte.
Disfrutemos estas fechas de muertos, que en nuestro calendario son como otra Navidad: la familia se reúne y recuerda a los que ya no están físicamente entre nosotros. Sin duda, es una de las muchas festividades importantes que tenemos en nuestro calendario, que, por más que el proyecto callista antes mencionado lo







