Rechazo a informe de ONU revive debate sobre crisis de desapariciones

- Gobierno niega responsabilidad sistemática en desapariciones forzadas.
El rechazo del gobierno mexicano al informe del Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU vuelve a colocar en el centro del debate la gravedad de las desapariciones en el país, así como la forma en que el Estado responde a los señalamientos internacionales.
La postura oficial, que califica el documento como impreciso y carente de sustento, busca desmarcar al Estado de una responsabilidad sistemática en estos delitos. Desde el gobierno se sostiene que la mayoría de los casos está vinculada a la delincuencia organizada y no a una política institucional. Sin embargo, esta interpretación contrasta con los planteamientos del organismo internacional, que advierte posibles responsabilidades por omisión o tolerancia de autoridades.
El informe de la ONU también señala que gran parte de los datos analizados corresponde a hechos ocurridos entre 2009 y 2017, durante los sexenios de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, periodos marcados por altos niveles de violencia. No obstante, más allá del contexto histórico, el documento advierte que el Estado mexicano ha sido rebasado por la magnitud de la crisis, señalando insuficiencia de recursos y esfuerzos institucionales para atender el problema.
Este señalamiento resulta clave, ya que desplaza el debate de una discusión política hacia una evaluación estructural: la capacidad real del Estado para responder a un fenómeno que se ha acumulado durante años. Aun cuando el gobierno actual insiste en diferenciarse de administraciones anteriores, las cifras y las denuncias de colectivos evidencian que el problema persiste.
El desacuerdo no es menor. En lugar de abrir un espacio de revisión, la respuesta oficial opta por cuestionar el diagnóstico, lo que ha generado críticas por una aparente falta de autocrítica frente a una crisis que continúa vigente.
Mientras persista la distancia entre el discurso institucional y las observaciones de organismos internacionales, el debate seguirá abierto. El reto no es solo desestimar informes, sino demostrar con resultados verificables que el Estado cuenta con la capacidad y voluntad para enfrentar una de las crisis de derechos humanos más profundas del país.




Redacción Paralelo 19



