Momentos

Isidro

De hace seis semanas a la fecha, que retome esta gustosa y responsable (porque, a diferencia de lo dices, lo que escribes se queda para siempre) actividad que es la escritura fue con motivo del mundial. Recibí la invitación para participar en una sección relacionada con temas únicamente sobre el torneo de FIFA a desarrollarse en próximos días. Hago esta aclaración espero no tarda y, en un caso ideal, con la esperanza de que ya lo hubieran detectado si es que son asiduos a leerme, lo cual agradezco, aunque, es verdad, ya mucho menos personas tienen el hábito de la lectura; entre más rápido y corto mejor, como corto es el tiempo que tienen los “seleccionadores” para poder desarrollar una idea que se expondrá a través de 11 elegidos, los cuales, es imprescindible, estén en un buen MOMENTO.

Cuanto me molesta la gente que habla de futbol como si fuera una ciencia exacta, a pesar de que, en esencia, no es tan complicado, pero tiene la salvedad que los protagonistas, sobre quien recae la mayor-última responsabilidad son seres humanos. Es imposible dar por hecho, o ni siquiera reparar en ello, que un ser humano porque tuvo alguna actividad o tendencia ayer lo va a volver a repetir hoy. El rendimiento de una persona es multi multifactorial (y pondría otro “multi” para exagerarlo más). “Los futbolistas son más que un puñado de huesos y músculos” menciono hace unas semanas Fernando Diniz, entrenador del Corinthinas y agregó (en referencia a todos los que buscan medir y tomar decisiones únicamente basados en la data para así, me imagino, poder controlar/justificar sus decisiones) “…hay otras cosas que muchas veces son más importante…la gente no tiene forma de medir el miedo, el coraje la alegría o el entusiasmo. Existe la parte que se mide y la que siente y, creo, que el futbol y la vida se tratan más de sentir que de medir”. No puedo estar más de acuerdo, al menos, me siento más cómodo lidiando con seres humanos que con futbolistas, el desafío y compromiso (por ende la capacidad del líder) aumentan de forma considerable.

Tomando en cuenta la opinión/afirmación expuesta, deduzco que un Seleccionador (quien desempeña la labor de entrenador dentro de una selección) debe de estar aún más alerta de ello ya que, por característica del puesto, el tiempo deduzco intervención es más limitado; lo que un entrenador podría mejorar en el día a día y transcurrir de los entrenamientos, un seleccionador tiene apenas unas horas para detectarlo, analizarlo y, si ve que no contará con el tiempo necesario, desecharlo. El seleccionador depende del momento, extrema sensibilidad para detectar, aceptar y tomar decisiones. Pero, ¿de qué momento habló? Del momento, entendido como ese lapso en que un artista (ser humano que juega futbol) puede sostener la confianza para crear y, en el mejor de los casos, se extiende por semanas pero pocas veces llega a superar los dos meses, al menos en jugadores latinoamericanos.

¿Malinchista por decir que el latino resiste menor tiempo en estado óptimo (de creación)? Al contrario, es una virtud. Los latinos somos mucho más sensibles, tenemos la capacidad de inventar, producir, idear, concebir “obras” con mayor naturalidad y frecuencia pero, esta misma sensibilidad, también genera que los valles (por simple homeostasis) aparezcan frecuentemente y con duración prolongada. La principal diferencia entre un jugador mexicano y un americano desde mi punto de vista es que el mexicano puede entregarte calificaciones más altas en rendimiento (si lo pusiéramos en número) pero de igual forma, cada tanto, por ahí y te da un 5 ó 5.5. Sus 9´s y 10´s son deleitables, solamente que hay prevenir que todo lo que sube (en especial tan alto) tiene que bajar. En cambio, el jugador americano, al ser más “cabeza” (más de análisis, reglas, instrucciones) difícilmente, por este “acartonamiento” dará actuaciones de 10 pero, de igual forma, será raro que obtenga alguna reprobatoria.

Momentos, la “Hormiga” González está en un excelente momento. Momentos, el “Chaquito” Giménez no está en un buen momento. Utilizo nombre propios para ejemplificar mi postura. Ambos en la misma posición, situaciones totalmente opuestas y, no es debate de quién deba de ir o jugar, solamente es para aclarar que si por alguien debería de decantarse el entrenador es por aquel en el que él (Aguirre en este caso) pueda perpetrar este estado de “gracia” (“Hormiga”) o, caso contrario, si tiene la capacidad y tiempo para sacarlo del “bache” (“Chaquito”).

Momentos; alargarlos o cortarlos. Indispensable para ello es tratarlos como seres humanos. Una de muchas diferencias que hay entre entrenadores y seleccionadores. El entrenador puede ser un poco más necio ya que el tiempo con el que dispone para convencer es mayor. El seleccionador, en mi opinión, es alguien flexible en las formas pero no en el fondo, detecta quien, en determinado momento, es el ideal para calarle y solventar una responsabilidad pre establecidas o, quien, en determinado momento, está ofreciendo algo único y valioso que deba ser agregado el plan mayor a pesar de uno haber estado contemplado.


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