Central de Abasto de Puebla cumple 40 años entre crecimiento y crisis

Central de Abastos
  • El principal nodo mayorista del estado celebra cuatro décadas como corazón alimentario poblano, mientras enfrenta retos históricos de seguridad, movilidad, comercio informal e infraestructura dentro de su operación cotidiana.

Este 15 de abril de 2026, la Central de Abasto de Puebla cumple 40 años de funcionamiento como el principal centro de distribución alimentaria del estado y uno de los espacios más representativos de la cultura comercial popular en la capital poblana desde su inauguración en 1986.

Su creación respondió a la necesidad de reorganizar la venta mayorista que durante décadas se concentró en el Centro Histórico, especialmente en el antiguo mercado La Victoria y otras zonas tradicionales. Con su apertura, el flujo comercial se trasladó hacia una nueva zona estratégica que permitió ordenar la logística alimentaria y acompañar el crecimiento urbano de Puebla durante la década de los ochenta.

Desde entonces, la Central se consolidó como el punto donde convergen productores, transportistas, bodegueros y comerciantes minoristas que abastecen diariamente mercados municipales, tianguis, restaurantes, fondas y tiendas en la capital y municipios del interior del estado.

A lo largo de cuatro décadas, el complejo también se convirtió en un espacio de identidad laboral y social. Generaciones de cargadores, comerciantes y familias han construido una dinámica propia que inicia antes del amanecer y continúa durante gran parte del día, reflejando el pulso económico cotidiano de la ciudad.

Actualmente, la Central de Abasto genera alrededor de 20 mil empleos directos e indirectos, da sustento a miles de familias y registra diariamente el ingreso de más de 15 mil personas, además de la circulación de aproximadamente 5 mil vehículos con mercancías, lo que confirma su papel estratégico dentro de la cadena alimentaria poblana.

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Retos acumulados tras cuatro décadas de operación

Sin embargo, el crecimiento de la Central de Abasto también ha venido acompañado de desafíos estructurales que forman parte de su historia reciente y que siguen presentes en su funcionamiento cotidiano.

Uno de los principales problemas ha sido la inseguridad. Comerciantes han denunciado la persistencia de robos a transporte de carga, mercancía y vehículos, así como asaltos dentro y en los accesos del complejo, situación que en distintos periodos ha derivado en protestas por parte de locatarios ante la disminución de ventas y el riesgo para trabajadores.

A ello se suma la presencia creciente del comercio informal en zonas internas y periféricas del complejo, fenómeno señalado por bodegueros como un factor que afecta la competencia comercial y el control de espacios dentro del mercado mayorista.

Otro de los retos históricos es la movilidad. El ingreso diario de miles de vehículos de carga y particulares genera saturación en accesos y vialidades cercanas, especialmente en corredores estratégicos como la Vía Corta a Santa Ana, lo que refleja la presión logística que enfrenta el complejo tras décadas de crecimiento.

También han existido conflictos internos entre organizaciones de comerciantes por el uso de espacios, así como inconformidades relacionadas con obras de control perimetral, administración del mercado y ordenamiento interno, factores que forman parte de la dinámica gremial del centro de abasto.

A pesar de estos desafíos, la Central de Abasto mantiene su papel como el principal nodo alimentario del estado y uno de los espacios más representativos del comercio popular en Puebla.

A cuatro décadas de su inauguración, su historia refleja no solo la evolución del abastecimiento regional, sino también las transformaciones urbanas, económicas y sociales de la capital poblana, donde cada madrugada continúa iniciando el recorrido de los alimentos que llegan diariamente a miles de hogares.

Crecimiento regional y evolución comercial

Durante los años noventa, la Central amplió su alcance con la llegada de productos provenientes de distintas regiones del país, fortaleciendo su papel como plataforma de comercio interregional. Posteriormente, entre los años 2000 y 2020, su operación creció al mismo ritmo que la ciudad, convirtiéndose en una “mini ciudad” comercial con dinámicas propias de transporte, logística y servicios.

En este periodo también se consolidó como el principal vínculo entre el campo y la ciudad, al funcionar como el espacio donde se articula la distribución de alimentos que llegan a miles de hogares poblanos cada día.


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