Puebla refugio de la delincuencia

¿Qué encuentran las organizaciones criminales en las zonas residenciales de Puebla para convertirlas, desde hace años, en espacios de refugio, paso o incluso puntos desde donde pueden planear y operar sus actividades delictivas?
La presencia de personajes vinculados con el crimen organizado en fraccionamientos de alta plusvalía no es un fenómeno reciente. Desde 2009, cuando Arturo Beltrán Leyva estuvo en el Club Campestre El Cristo, en Atlixco, hasta hechos registrados en fechas recientes en Lomas de Angelópolis, estos espacios han aparecido en distintos episodios relacionados con grupos criminales.
La situación fue confirmada por el vicealmirante Francisco Sánchez González, quien señaló que Lomas de Angelópolis se ha convertido en un escondite para integrantes de grupos delictivos. Explicó que las zonas de mayor plusvalía de la zona metropolitana de Puebla son utilizadas por miembros del crimen organizado para tratar de evadir a las autoridades.
El recuento muestra que no se trata de hechos aislados. Mientras tanto, la administración de Alejandro Armenta mantiene esfuerzos para hacer frente a esta problemática.
Cuatro fraccionamientos aparecen en investigaciones contra organizaciones criminales
La sucesión de casos no corresponde a una sola organización ni a un mismo periodo. En distintos momentos, autoridades federales han desplegado operaciones en fraccionamientos residenciales de Puebla para detener a personas vinculadas con estructuras criminales.
En 2026, la investigación que llevó hasta Lomas de Angelópolis involucró a autoridades federales y estatales. Participaron la Agencia de Investigación Criminal, la Fiscalía Especializada en Materia de Delincuencia Organizada (FEMDO) de la Fiscalía General de la República (FGR), la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) y la Secretaría de Marina (Semar), con información del Centro Nacional de Inteligencia y coordinación con autoridades de Puebla y Guerrero.
Govén Ulises N. era señalado como uno de los principales generadores de violencia en Acapulco y como presunto líder de una célula relacionada con “Los Rusos”, grupo con presencia principalmente en Guerrero.
La detención de Govén Ulises N. derivó en cinco cateos en Puebla y San Andrés Cholula. El operativo dejó cuatro personas detenidas y el aseguramiento de dos armas cortas, cartuchos, cargadores, teléfonos, droga y 39 vehículos de alta gama. Una de las diligencias se realizó en la agencia Dimont, sobre la Vía Atlixcáyotl, donde fueron aseguradas las unidades.
Un cateo en Lomas de Angelópolis II dejó armas y droga aseguradas
La misma zona residencial ya había sido escenario de otro procedimiento en 2024. En el clúster Puebla Blanca, ubicado en Lomas de Angelópolis II, fue detenido Jorge Armando N., de 43 años y originario de Torreón, Coahuila.
El cateo permitió localizar tres armas largas, dos armas cortas y 45 cartuchos útiles. También fueron aseguradas seis bolsas con cristal y marihuana, un teléfono celular y dos camionetas, una con placas de Michoacán y otra de Tlaxcala.
Las armas quedaron decomisadas ante la posibilidad de que estuvieran relacionadas con otros ilícitos.
La Cima fue utilizada en 2014 para detener a tres integrantes de los Beltrán Leyva
Antes de los operativos en Lomas de Angelópolis, otro despliegue federal tuvo como escenario el fraccionamiento La Cima.
El 27 de febrero de 2014, fuerzas federales capturaron a tres integrantes de una célula de los Beltrán Leyva. La operación estuvo a cargo de la Agencia de Investigación Criminal de la entonces Procuraduría General de la República (PGR) y la Secretaría de Marina.
Los detenidos fueron Jesús Antonio Villegas Vidaña, de Culiacán, Sinaloa; Magner Donai Herrera Martínez, de Amatenango, Chiapas, y Giovanni Rodríguez Arias, originario de Colombia.
El aseguramiento incluyó 22 armas largas, siete armas cortas, una granada y diversos cartuchos útiles, todos de uso exclusivo de las Fuerzas Armadas, además de dos vehículos.
En ese momento, la organización de los Beltrán Leyva tenía presencia en Ciudad de México, Morelos, Guerrero, Estado de México, Puebla, Veracruz y parte de Sonora, con la intención de consolidarse como el principal cártel armado.
En 2010 la Marina desplegó un operativo en Puerta de Hierro
El antecedente previo ocurrió el 12 de septiembre de 2010, cuando elementos de la Marina Armada de México capturaron a Sergio Villarreal Barragán, “El Grande”, en una residencia del fraccionamiento Puerta de Hierro, en Puebla capital.
El operativo comenzó alrededor de las 10 de la mañana y concluyó aproximadamente a las tres de la tarde. La fuerza desplegada estuvo integrada por 30 infantes de Marina, cinco vehículos artillados y un helicóptero.
Los elementos especializados tomaron el control de la zona residencial mediante un dispositivo preparado para operaciones de combate urbano. Villarreal Barragán no opuso resistencia durante su captura.
El antecedente más antiguo se remonta al Club Campestre El Cristo
La relación entre estos espacios residenciales y personajes vinculados con organizaciones criminales aparece todavía antes, en 2009.
El 5 de diciembre de ese año, Arturo Beltrán Leyva acudió a una ceremonia de bautizo realizada en la capilla privada del Club Campestre El Cristo, en Atlixco. El menor tenía apenas unos meses de edad y, de acuerdo con el relato, el narcotraficante era su padrino.
Los padres del menor, un matrimonio joven residente en Cuernavaca, Morelos, se trasladaron a su casa de descanso, ubicada en Paseo del Cristo número 880, para realizar la ceremonia religiosa.
La celebración ocurrió en una capilla colonial de muros blancos y un altar acompañado por un gran crucifijo. Algunas fuentes señalaron que Beltrán Leyva permaneció varios días en Puebla, mientras otras versiones apuntaron a vínculos continuos con la entidad debido a sus operaciones.
Once días después, el 16 de diciembre de 2009, Arturo Beltrán Leyva fue abatido en Cuernavaca, Morelos.
Los casos cambian de nombres y organizaciones, pero el patrón permanece
El recuento reúne episodios separados por años y protagonizados por distintos personajes. Sin embargo, todos tienen un elemento común: fraccionamientos residenciales de Puebla han sido utilizados o señalados como lugares donde permanecían personas vinculadas con actividades criminales.
Desde 2009 hasta 2026, los operativos documentados muestran que la problemática no comenzó con un solo grupo ni se concentra exclusivamente en un desarrollo habitacional. La sucesión de detenciones y cateos coloca a distintas zonas residenciales dentro del mapa de investigaciones contra organizaciones criminales.
El desafío para las autoridades estatales y federales, en este contexto, no se reduce a concretar capturas. También implica impedir que los espacios residenciales puedan ser aprovechados como refugio o como puntos desde los cuales las estructuras criminales mantengan sus actividades.






Redacción Paralelo 19



