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Reading: Ser médico especialista no debe costar la dignidad e incluso la vida
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Paralelo 19 > Blog > Opinión > Ser médico especialista no debe costar la dignidad e incluso la vida
Opinión

Ser médico especialista no debe costar la dignidad e incluso la vida

Nora Escamilla
21 enero, 2026 05:31
Por
Nora Escamilla
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Hay frases que duelen porque retratan una realidad que normalizamos durante demasiado tiempo. Una de ellas es escuchar que “así es la formación médica”, como si el agotamiento extremo, la humillación, el miedo o incluso la muerte fueran parte inevitable del camino. No lo son. No deberían serlo nunca.

Ser médico implica vocación, compromiso y una enorme responsabilidad con la vida de otras personas. Pero ninguna vocación justifica la violencia. Ningún juramento profesional debería exigir poner en riesgo la propia vida. Y, sin embargo, eso es exactamente lo que ha ocurrido durante años con médicas y médicos residentes en México.

Guardias interminables, jornadas que superan cualquier límite humano, maltrato normalizado, silencios impuestos y una cultura que castiga al que alza la voz. Todo eso se fue acumulando hasta que ocurrió lo que nunca debió ocurrir: una vida perdida. Y cuando una vida se pierde por un sistema que sabía que estaba fallando y no hizo nada, ya no se trata de un accidente. Se trata de una responsabilidad colectiva.

La Ley Abraham nace desde ese dolor, pero también desde una convicción profunda: formar médicos no puede seguir costando vidas. No se trata de atacar a las instituciones de salud ni de señalar personas. Se trata de reconocer que hay prácticas que se volvieron costumbre y que esas costumbres están mal.

Detrás de cada residente hay una historia. Hijas, hijos, madres, padres, parejas. Jóvenes que eligieron salvar vidas y que, paradójicamente, no encontraron protección para la suya. Jóvenes que aprendieron que pedir descanso es “de débiles”, que denunciar es “arriesgar la carrera” y que aguantarlo todo es parte del mérito. Ese discurso no solo es injusto, es peligroso.

La medicina no puede seguir construyéndose desde el sacrificio extremo ni desde la romantización del sufrimiento. El cansancio mata. El estrés constante enferma. El miedo paraliza. Y un sistema que ignora eso no solo daña a quienes se están formando, también pone en riesgo a las y los pacientes.

Hablar de la Ley Abraham es hablar de humanidad. De poner límites donde nunca los hubo. De decir con claridad que el aprendizaje no debe darse en condiciones de violencia. Que el respeto no es un privilegio, es una obligación. Que cuidar a quienes cuidan también es una forma de salvar vidas.

Esta ley no busca confrontar, busca transformar. Busca que los hospitales sigan siendo espacios de enseñanza, pero también de dignidad. Busca que las y los médicos residentes sepan que su vida importa tanto como la de quienes atienden. Que no están solos. Que el Estado tiene la responsabilidad de garantizar condiciones seguras, humanas y justas.

Porque si normalizamos que un médico tenga que destruirse para convertirse en profesional, algo está profundamente mal. Y porque ningún título, ninguna especialidad, ningún reconocimiento vale más que una vida.

Ser médico es un acto de amor. Y el amor nunca debería doler así.

La Ley Abraham es, en el fondo, una pregunta incómoda pero necesaria: ¿qué tipo de sistema de salud queremos construir? Uno que consume a su gente o uno que la protege. La respuesta no debería admitir dudas.

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Nora Escamilla
21 enero, 2026 05:31
Por
Nora Escamilla
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