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Reading: Nos estamos muriendo de cansancio
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Paralelo 19 > Blog > Opinión > Nos estamos muriendo de cansancio
Opinión

Nos estamos muriendo de cansancio

Mónica Franco
10 mayo, 2026 18:03
Por
Mónica Franco
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Cada año, millones de mujeres llegan al límite físico y emocional sin darse cuenta. La Organización Mundial de la Salud ya reconoció el burnout como un fenómeno asociado al estrés laboral crónico, pero en las mujeres el desgaste tiene otra capa: la carga invisible de cuidar, resolver, sostener y no romperse jamás.

Nos enseñaron que una mujer valiosa es la que aguanta.
La que puede con todo.
La que trabaja sin horarios.
La que resuelve crisis familiares mientras contesta mensajes laborales.
La que organiza la casa, administra dinero, escucha problemas, sostiene emociones ajenas y todavía sonríe para no incomodar.
Y mientras más agotada está, más admiración provoca.

Nos estamos muriendo de cansancio… y lo peor es que la sociedad lo romantiza.

Hace unos días cumplí 49 años y estuve hospitalizada tras sufrir un ataque isquémico temporal derivado del agotamiento físico y emocional. Mi cumpleaños lo pasé en una clínica entendiendo que el cuerpo también colapsa cuando una mujer vive demasiado tiempo sobreviviendo para otros.

No escribo esto para inspirar lástima. Lo escribo porque miles de mujeres podrían verse reflejadas en esta historia. Porque el cuerpo avisa.

Primero dejamos pendiente una consulta médica, luego posponemos dormir, después normalizamos el estrés, más tarde olvidamos comer bien y finalmente convertimos el agotamiento en identidad.

Si llevas semanas queriendo ir a pintarte las uñas y no puedes… algo pasa.
Si no encuentras una hora para ir al médico… algo pasa.
Si leer este texto te provoca ansiedad porque “deberías estar trabajando”… algo pasa.
¡Detente!

Pregúntate qué hiciste hoy por ti que verdaderamente te alegró la vida.
¿Ya escuchaste el canto de los pájaros en tu ventana?
¿Cantaste tu canción favorita?
¿Saliste a caminar?
¿Te ejercitaste?
¿Respiraste profundo sin sentir culpa?

Porque si toda tu existencia gira únicamente alrededor de las obligaciones, entonces no eres libre.

Y ahí resuena la filosofía de José Mujica, quien advirtió que el sistema moderno nos hace creer que vivimos para producir, cuando en realidad terminamos hipotecando la vida para sostener un modelo económico que nunca se sacia.
Trabajamos jornadas brutales porque el salario ya no alcanza. Porque la canasta básica aumenta, porque criar hijos es cada vez más caro y porque incluso los sueños simples —una casa, viajar o estudiar— parecen inalcanzables.

Entonces entramos en un círculo perverso: trabajamos más para vivir mejor, pero trabajamos tanto que dejamos de vivir.
Y muchas mujeres envejecen persiguiendo sueños ajenos. Construyendo proyectos de otros. Sosteniendo empresas, familias, relaciones y expectativas sociales mientras sus propios deseos quedan archivados “para después”.
La “super mujer” no existe. Existe el desgaste.

Existe incluso un nombre para ese abismo: burnout maternal. Un agotamiento emocional crónico donde las exigencias superan todos los recursos internos. No es “estar cansadita”. Es irritabilidad. Es desconexión emocional. Es culpa. Es vacío. Es seguir funcionando mientras el alma se apaga.

Pienso en Aurora Sierra, impulsora de la tipificación de la violencia vicaria en Puebla. Una mujer brillante, intensa y comprometida como tantas otras mujeres que murieron jóvenes por infartos, estrés o agotamientos silenciosos que jamás fueron entendidos como una consecuencia de la violencia estructural.

Porque sí: agotarse hasta enfermar también tiene raíces sociales.
Nos enseñaron a cuidar a todos menos a nosotras mismas.

Por eso hoy quizá el acto más revolucionario sea aprender a detenernos. Decir “no puedo”, apagar el teléfono, dormir sin culpa, ir al médico, comer despacio, reír más, tomarse un café viendo la lluvia, bailar ridículamente en la cocina, ver una serie comiendo palomitas y volver a escribir poemas… Dejar espacio para la locura personal que salva.

El éxito no se mide por lo que logras o acumulas, sino por el amor que diste y la paz que sembraste. Y ninguna mujer debería morir intentando demostrar que podía con todo.
La Madre Teresa de Calcuta decía que el fruto del amor es el servicio. Pero servir no debería significar desaparecer una misma.

Ahora amiga lectora repite conmigo: El descanso no es flojera, dormir no es debilidad, pedir ayuda no es fracaso, ir a terapia no es exageración y renunciar a un ritmo inhumano también es valentía.

Quizá la verdadera revolución femenina de esta época no sea demostrar que podemos con todo, sino atrevernos a decir: “hasta aquí”.

Porque ninguna meta vale un infarto.
Ningún empleo vale una embolia.
Ningún reconocimiento vale perder la vida.
Así que este 10 de mayo, más allá de las flores y los desayunos apresurados, hagamos una pregunta incómoda:
¿Quién cuida a las mujeres que cuidan de todos?

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Mónica Franco
10 mayo, 2026 18:03
Por
Mónica Franco
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