Celulares en la Primaria: el “vicio oculto” de esa hiperconectividad

El debate sobre la regulación del uso de teléfonos celulares en las escuelas primarias de Puebla ha cobrado una fuerza inusitada en las últimas semanas.
Las opiniones se dividen, las juntas de padres de familia se vuelven arenas de discusión y las autoridades educativas sopesan medidas. Como padre de familia que ha navegado, al igual que todas y todos, por las turbulentas aguas de las crisis recientes, encuentro este debate no solo necesario, sino profundamente revelador de nuestra relación actual con la tecnología.
No podemos hablar de conectividad sin invocar el fantasma de la pandemia. Esa etapa de crisis económica, social y, crucialmente, mental, nos impuso la comunicación digital como una prioridad absoluta de supervivencia.
Fue un acelerador brutal. Nos obligó a adaptarnos a marchas forzadas a una forma laboral y de convivencia que implicaba estar permanentemente conectados a computadoras y celulares.
Para algunos, la comunicación fluyó y la transición fue una ventana de oportunidad. Para muchos otros, fue un proceso doloroso, complicado por la falta de adaptación y una resistencia económica asfixiante para adquirir los dispositivos necesarios. En ese momento, el celular fue un salvavidas.
Sin embargo, pasada la tormenta sanitaria, el “vicio oculto” de esa hiperconectividad forzada está emergiendo con fuerza,y las estadísticas son alarmantes, mostrando efectos negativos contundentes, principalmente en la niñez.
La falta de tutoría adecuada y el uso excesivo de pantallas están pasando factura.
Si en los adultos el uso desmedido de redes sociales ya genera efectos negativos como insomnio, ansiedad y un deterioro visible en el rendimiento y la concentración laboral, en el caso de los niños estos efectos no solo se maximizan, sino que adquieren tintes de dependencia.
Estamos viendo infancias cuya concentración se pulveriza y cuya estabilidad emocional pende de un “like” o de la gratificación instantánea de un video corto.
Ante este panorama, la regulación no es una ocurrencia autoritaria, sino una tendencia global basada en la evidencia. El 58% de los países del mundo ya cuenta con algún tipo de regulación sobre el uso de celulares en entornos escolares. No estamos inventando el hilo negro en Puebla.
El ejemplo más drástico y reciente proviene de Europa. Francia se convirtió en el primer país de la Unión Europea en prohibir el uso de redes sociales a menores de 15 años.
Esta medida, que entra en vigor este septiembre para cuentas existentes y en 2027 para nuevos usuarios, marca un precedente histórico. No se trata de prohibir la tecnología per se,sino de reconocer que ciertas plataformas no están diseñadas para mentes en desarrollo.
La discusión en Puebla debe centrarse en la protección de las infancias
La discusión en Puebla debe centrarse en ese eje rector: la protección de las infancias. Las escuelas primarias deben ser vanguardia para el aprendizaje, la socialización real y el desarrollo cognitivo, no mentes dependientes o mentes ausentes
Como padres, debemos transitar de la nostalgia de la “herramienta de emergencia” que fue el celular en la pandemia, a la responsabilidad de poner límites claros hoy.
La educación en Puebla no puede permitirse el lujo de ignorar que, sin regulación, el dispositivo que prometía conectarnos podría terminar aislando y dañando a lo más valioso que tenemos:nuestros niños.



Agustín Tenocelotl






