Generaciones que construirán Puebla

Cada fin de ciclo escolar tiene algo de despedida, pero también de esperanza.
Miles de niñas, niños y jóvenes poblanos recibieron ya boleta, certificado, reconocimiento o diploma. Para muchos será el cierre de un año más de aprendizajes; para otros, el final de una etapa que los llevará al siguiente nivel. Sin importar si el paso es a primaria, secundaria, bachillerato o universidad, la realidad es que detrás de cada ceremonia de graduación hay historias de esfuerzo, de familias que acompañaron tareas hasta altas horas de la noche, de docentes que sembraron conocimiento y de estudiantes que, pese a las dificultades, decidieron no rendirse.
En Puebla, la educación no es un tema menor. Durante el ciclo escolar 2025-2026, más de 2 millones de estudiantes mantuvieron su instrucción en alguna institución de la entidad. Tan solo en educación obligatoria, más de 1.6 millones de alumnas y alumnos asistieron a las aulas en más de 16 mil escuelas distribuidas a lo largo del estado. Y un total de 378 mil 20 alumnas y alumnos concluyeron algún nivel de la educación obligatoria en este mismo periodo.
Detrás de estas cifras existe una realidad alentadora, cada generación tiene mayores oportunidades de seguir con su preparación académica, que la anterior. En Puebla, la eficiencia terminal en educación básica es de aproximadamente 90.3%, mientras que la tasa de abandono o deserción escolar es en promedio de 3.1% y 4% general. Además, es importante señalar que la cifra varía según la región y el nivel educativo.
Sin embargo, los desafíos siguen presentes.
Aunque Puebla ha logrado reducir los índices de abandono escolar en distintos niveles educativos, todavía existen jóvenes que enfrentan condiciones económicas, sociales o familiares que limitan su avance. La educación es una de las principales herramientas para romper ciclos de pobreza y desigualdad, pero también una de las más sensibles a las circunstancias que enfrentan miles de hogares. Y de esto somos testigos los maestros y maestras que, desde las aulas, detectamos qué afecta a nuestros estudiantes y actuamos para buscar soluciones.
Por ello, cuando hablamos de educación de calidad, no hablamos únicamente de salones, libros o calificaciones. Hablamos de oportunidades. Hablamos de garantizar que una niña de la Sierra Norte tenga las mismas posibilidades de desarrollar su talento que un estudiante de la capital o de la Mixteca. Hablamos de que ningún joven tenga que elegir entre estudiar o trabajar para sobrevivir. Hablamos también de formar ciudadanos capaces de enfrentar los retos de un mundo cada vez más digitalizado, competitivo y cambiante.
Las nuevas generaciones crecerán en una realidad distinta a la que conocieron sus padres. La inteligencia artificial, cambio climático, transformaciones económicas, todo en su conjunto exigirá habilidades que hace apenas unos años parecían impensables. Frente a esto también es indispensable una educación sólida que enseñe a pensar, a crear, a resolver problemas y a convivir.
Hoy, mientras miles de estudiantes cierran sus cuadernos y se preparan para las vacaciones, Puebla también debe hacer una pausa para reflexionar sobre el futuro que estamos construyendo.
Y en esta tarea la función del gobernador Alejandro Armenta es fundamental, porque conocedor de la importancia de la educación, invierte de manera permanente tanto en la infraestructura como en la calidad de la enseñanza que reciben nuestros niños, niñas y jóvenes.
El fin de un ciclo escolar no es el final de una historia, sino el comienzo de la siguiente.
Y el futuro de Puebla se encuentra en nuestras aulas.
Nos leemos.
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Laura Artemisa García Chávez





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