La automatización es el futuro y el futuro es hoy

Por qué el mejor momento para empezar a automatizar era hace tres años, y el segundo mejor es ahora.
Conozco a un empresario que guarda el corazón de su compañía en una laptop. No es una metáfora ni una exageración, es un archivo de Excel con veintitantas hojas y fórmulas encadenadas que solo entiende Martha, la señora de administración que lleva dieciocho años en la empresa y que el año pasado estuvo tres semanas incapacitada. Durante esas tres semanas, una compañía de más de cien empleados y clientes en tres estados operó a ciegas. Nadie sabía cuánto se había vendido, a quién se le debía ni qué inventario había realmente en el almacén. El dueño me lo contó riéndose, como quien cuenta una anécdota de vacaciones. Yo no me reí, tomé nota de todo lo que me estaba diciendo sin decirmelo.
He visto esa escena, con variaciones de nombre y de industria, muchas veces. Cambia el archivo, cambia el área, cambia el tamaño de la empresa, pero la estructura es idéntica: una organización que factura cientos de millones y cuyo conocimiento crítico vive en la cabeza de tres personas y en carpetas compartidas que nadie ha auditado desde 2019. Y aquí está el detalle extraño, esas mismas empresas son las que hoy me preguntan cómo implementar inteligencia artificial.
El país que dice que sí y hace que no
Los números cuentan la historia mejor que cualquier anécdota que yo pueda contar. De acuerdo con los Censos Económicos 2024 del INEGI, la primera vez que el instituto midió el uso de tecnologías digitales en las unidades económicas del país, poco más de 1.4 millones de establecimientos reportaron usar internet para sus actividades. De ellos, 1.26 millones emplearon alguna herramienta digital. Suena bien hasta que uno lee el desglose: 42.5% usó servicios en la nube, 23.7% recurrió a herramientas de análisis de datos y apenas 2.1% empleó sistemas de inteligencia artificial. La robótica avanzada aparece con 1.2 por ciento. En otras palabras, México se digitalizó lo suficiente para tener correo y buscadores, y ahí se detuvo. Lo interesante es que el fenómeno no es exclusivamente mexicano. El estudio global The State of AI de McKinsey & Company, publicado en noviembre de 2025 con casi dos mil respuestas en 105 países, encontró que 88% de las organizaciones ya usa inteligencia artificial en al menos una función del negocio. Casi todas. Pero solo 39% reporta algún impacto en la utilidad operativa de la empresa, y en la mayoría de esos casos el impacto es menor a 5%. Apenas 6% de las compañías encuestadas califica como lo que McKinsey llama AI high performers. El resto está usando IA de la misma forma en que muchos usan el gimnasio en enero, con muhco entusiasmo, sin plan y sin resultados visibles.
Ahora, vale la pena preguntarse: ¿Qué distingue a ese 6%? No es el presupuesto ni el modelo que contrataron. Es que rediseñaron la forma en que trabajan, cambiaron la mentalidad de la organización. El mismo estudio encontró que el factor con mayor correlación con el impacto financiero es el rediseño de flujos de trabajo, y que solo 21% de las organizaciones que usan IA generativa ha rediseñado siquiera algunos de sus procesos. Casi ocho de cada diez le están poniendo un motor de Fórmula 1 a una carreta.
Con estos datos y en mi experiencia puedo decir que la IA no arregla el desorden, lo amplifica y aquí es donde quiero ser muy claro con los dueños y directores, porque es la confusión más cara del momento, la inteligencia artificial no es una herramienta que se compra, es una capacidad que se construye sobre cultura organizacional, datos y procesos que ya deben existir.
Automatizar procesos hoy no es una moda, es la única forma conocida de generar el insumo que la IA necesita para servir de algo. Cada proceso que se digitaliza, desde un expediente, una autorización, un flujo de compras, o una conciliación, produce datos estructurados, trazables, con fecha y responsable, da certeza y transparencia a una empresa. Eso es lo que después alimenta a un agente que responde a sus clientes, a un modelo que predice su demanda o a un tablero que le dice la verdad sin que nadie tenga que “armarle el reporte” desde un excel. Por eso digo que quien empieza a automatizar hoy no está comprando eficiencia, está comprando el derecho a competir durante los próximos cinco años en un mercado global, está garantizando la continuidad de la empresa.
Lo que está en juego mientras esperamos
El Banco Mundial documentó algo que en México es una conversación díficil, entre 1991 y 2020, el PIB por trabajador del país creció a una tasa anual de 0.1%, frente a 3.3% de Corea del Sur y 1.1% del promedio de la OCDE. BBVA Research lo confirmó en 2025 con otro enfoque, la productividad total de los factores en México ha sido negativa por más de treinta años. Hemos crecido acumulando trabajadores y capital, no haciendo mejor las cosas, no somos más prodcutivos, ni más eficientes.
Mientras tanto, el Foro Económico Mundial estima en su Future of Jobs Report 2025 que hacia 2030 se crearán 170 millones de empleos y desaparecerán 92 millones, y que 39% de las habilidades que hoy definen un puesto de trabajo habrán cambiado. Eso no es una profecía apocalíptica sobre robots quitando trabajos como muchos temen, es una advertencia sobre la velocidad de los mercados, el piso se mueve, el mundo cambia a una velocidad jámas vista y quien no se está moviendo ya está retrocediendo, por eso el cambio es crítico.
Ahora traslademos eso a la industria. Piensa en tu competidor más incómodo, ese que últimamente cotiza más rápido, entrega antes y parece saber cosas de sus clientes que tú no sabes. Es muy probable que no tenga mejor producto ni mejor gente. Tiene mejor información, datos y tecnología y la tiene antes que tú.
Es ahora
Hay un argumento que escucho seguido y que entiendo: “estamos bien, seguimos vendiendo”. Es cierto. También era cierto para Blockbuster en 2007 y para las agencias de viajes en 2003. La ventaja competitiva rara vez se pierde de golpe, se va erosionando en silencio, mientras la empresa sigue reportando números decentes y el mercado se reorganiza por debajo, hasta que un día aparece un Netflix para borrarte de un plumazo.
Empezar no significa contratar veinte consultores ni cambiar todo el próximo año. Significa escoger un proceso, yo sugiero que sea el que más duele, el que más papel genera, el que más depende de una sola persona y digitalizarlo, medirlo, ponerle reglas y dueños. Luego eliges el siguiente proceso. Así, cada proceso ordenado es un ladrillo, y en algún momento esos ladrillos dejan de ser una lista de mejoras y se convierten en una plataforma sobre la cual la inteligencia artificial sí tiene de dónde agarrarse, dentro de un ecosistema de software realmente útil y pensado con estrategia.
Yo tengo la certeza de que en los próximos años vamos a ver una separación brutal entre dos tipos de empresas mexicanas, las que llegaron a la era de la IA con sus procesos ordenados y sus datos vivos, y las que llegaron con el Excel de Martha. Las primeras van a parecer afortunadas, pero no lo serán. La gran diferencia es que habrán empezado antes.






Alejandro Meneses




