El arte de adelantarse a los movimientos del adversario

Columna 12

¿Y si se llamara Mikel?

 

Amigo lector:

No es lo mismo hablar a toro pasado que hacerlo cuando todavía no sabemos por dónde va a embestir el toro.

Cuando llegue el 18 de marzo de 2027 y las federaciones que integran FIFA hayan elegido presidente, será relativamente sencillo explicar lo sucedido.

Aparecerán los especialistas que nos dirán por qué ganó Gianni Infantino, por qué perdió, quién traicionó a quién, dónde estuvieron los votos y cuál fue el error de sus adversarios.

Pero para entonces el toro ya habrá pasado.

Lo verdaderamente interesante es intentar descubrir hoy por dónde puede embestir.

Y desde nuestra última entrega han sucedido demasiadas cosas.

Francia retiró su respaldo a Infantino. Austria también. Dinamarca exige su salida y acusa al Comité Legal de FIFA de evadir las preguntas sobre FIFA Forward Enterprise, aquel proyecto que terminó incendiando las relaciones entre el presidente y buena parte del poder europeo.

UEFA reclama un nuevo liderazgo.

La rebelión ya consiguió adversarios para Infantino.

Lo que todavía no consiguió es un sustituto.

Victor Montagliani descartó competir.

Nasser Al-Khelaifi también.

Y mientras los adversarios continúan buscando quién pueda convertir aquella rebelión en una candidatura, diferentes fuentes conocedoras de las conversaciones aseguran que el presidente conservaría hoy suficientes apoyos para reelegirse.

Permítame repetirlo porque ahí está la historia:

Infantino está perdiendo Europa, pero Europa todavía no ha demostrado que pueda quitarle el mundo.

LA GUERRA SALIÓ DE FIFA

Y ahora la batalla abandonó los escritorios del fútbol.

Entró en los tribunales.

UEFA acudió a la justicia federal estadounidense buscando documentos y testimonios relacionados con FIFA Forward Enterprise, entre ellos información vinculada con Thrive Capital y su fundador, Joshua Kushner.

¿Para qué?

Para determinar si esos elementos pueden utilizarse posteriormente en una eventual denuncia penal en Suiza contra Gianni Infantino y posiblemente otros funcionarios o asesores de FIFA por presunta administración desleal.

Mucho cuidado.

Gianni Infantino no está acusado penalmente.

No existe una sentencia ni resolución que determine que cometió delito alguno.

Lo que existe es una batalla por conseguir evidencia.

Subsidiarias estadounidenses vinculadas a FIFA pretenden intervenir en el procedimiento. UEFA intenta impedirlo. La FIFA acusa a sus adversarios de desarrollar una campaña de desprestigio y UEFA sostiene que busca determinar qué ocurrió realmente con aquella operación.

El tribunal todavía no decide.

Pero mire usted hasta dónde llegó esta guerra:

Europa busca en Estados Unidos elementos con los que eventualmente podría abrir un frente penal en Suiza contra el presidente de FIFA.

A esa presión se sumó una queja ante el Comité de Ética de FIFA respaldada por más de cien mil personas y promovida por FairSquare, que cuestiona distintas actuaciones de Infantino, entre ellas su relación con Donald Trump.

Una queja tampoco es una condena.

Pero agrega otro frente.

Y entonces aparece la paradoja.

Todavía tendría los votos.

LOS 106

FIFA tiene 211 asociaciones miembro.

Cada federación posee un voto.

Y aquí debemos dejar de contar confederaciones como si fueran partidos políticos.

Las confederaciones no depositan una papeleta colectiva.

Votan las federaciones.

Brasil tiene un voto.

Argentina tiene un voto.

México tiene un voto.

España tiene un voto.

Y una pequeña isla del Caribe también tiene un voto.

Ahí comienza la verdadera geopolítica del fútbol.

UEFA reúne 55 asociaciones y, aun suponiendo una disciplina prácticamente perfecta, necesita construir una enorme coalición fuera de Europa para conquistar FIFA.

CONMEBOL, en cambio, solamente tiene diez.

Curiosa paradoja.

La CONMEBOL tiene las Copas. CONCACAF tiene los votos.

Sudamérica posee campeones del mundo, futbolistas extraordinarios y algunas de las selecciones más importantes de la historia.

Pero CONCACAF tiene 41 asociaciones.

En una cancha eso significa poco.

En una elección presidencial significa muchísimo.

Y Gianni Infantino parece haberlo entendido.

EL CARIBE

Hace unos días apareció un movimiento que podría ser mucho más importante de lo que parece.

La FIFA modificó la administración de sus relaciones en la región y entregó a Gelson Fernandes la responsabilidad sobre las 21 asociaciones caribeñas.

Fernandes nació en Cabo Verde, creció en Suiza y fue seleccionado internacional suizo.

Pero para esta historia lo verdaderamente importante viene después.

La FIFA lo incorporó para trabajar directamente con las asociaciones africanas y posteriormente lo ascendió dentro de la estructura encargada precisamente de las relaciones con las federaciones miembro.

El hombre que FIFA utilizó para relacionarse con África aparece ahora también frente al Caribe.

Los adversarios de Infantino interpretaron el movimiento como un intento de romper la cohesión política de CONCACAF.

La FIFA lo coloca dentro de su estrategia de atención y desarrollo de las asociaciones.

Son dos interpretaciones diferentes.

Lo comprobable es que esas 21 federaciones tienen ahora una relación administrativa diferenciada dentro de FIFA y que Infantino ha intensificado su presencia en la región.

No nos confundamos.

No podemos afirmar que FIFA esté comprando votos.

Tampoco que el Caribe votará en bloque por Infantino.

Pero sí podemos preguntar:

¿Por qué una región que representa más de la mitad de las asociaciones de CONCACAF adquiere semejante atención precisamente cuando el presidente de CONCACAF está enfrentado con FIFA?

Ahí aparece Victor Montagliani.

Y aparece México.

MÉXICO NO SIGUIÓ EL GUIÓN

La CONCACAF rechazó FIFA Forward Enterprise y denunció problemas de procedimiento, transparencia y gobernanza.

México, sin embargo, ha mostrado una relación muy diferente con FIFA.

El pasado 7 de septiembre la propia FIFA destacó públicamente su alianza estratégica con la Federación Mexicana de Fútbol.

Y Mikel Arriola pronunció una frase que no debería pasar inadvertida:

La FIFA es el principal socio de la Federación Mexicana de Fútbol en lo que respecta al desarrollo del fútbol.”

Eso no significa que México haya entregado anticipadamente una papeleta.

Significa algo políticamente más interesante.

México parece estar defendiendo sus propios intereses.

Y quizá deberíamos comenzar a hacer nosotros lo mismo.

Porque una parte del periodismo mexicano se ha convertido en villamelón de esta corrida.

Criticar a FIFA vende.

Criticar a Infantino vende.

Criticar a Mikel vende.

Y repetir las críticas provenientes de Europa resulta todavía más sencillo.

Una cosa es investigar y denunciar posibles irregularidades —obligación elemental del periodismo— y otra muy diferente adoptar automáticamente los intereses de quienes pretenden modificar el poder mundial del fútbol sin preguntarnos qué ganaría México con ese cambio.

Amigo lector:

Antes de decirme por qué México debe ayudar a derribar a Infantino, explíqueme algo mucho más importante.

¿Qué gana México derribándolo?

Después dígame quién pretende sustituirlo, qué modelo propone, qué regiones ganarían poder y qué lugar tendría México dentro de ese nuevo orden.

Porque tampoco se trata de convertirnos en comparsas de Infantino.

Se trata de dejar de ser comparsas de cualquiera.

¿QUÉ LE CONVIENE A MÉXICO?

Ésa debería ser la discusión.

México necesita internacionalizar nuevamente su fútbol.

Necesita competencia.

Necesita recuperar interlocución con Sudamérica.

Necesita preguntarse seriamente si algún día puede volver a competir en Libertadores y establecer una participación permanente en Copa América.

Eso no lo puede ordenar Infantino.

Requeriría acuerdos entre CONCACAF, CONMEBOL y las estructuras responsables de sus competiciones.

Pero precisamente por eso aumentar el peso político mexicano dentro de nuestra confederación podría resultar muchísimo más importante que simplemente llevarnos bien con FIFA.

México no necesita abandonar Norteamérica para regresar a Sudamérica.

Necesita convertirse en el puente entre ambas.

En política no siempre hay que conquistar el poder superior.

A veces basta con conquistar el territorio que está debajo.

Y entonces aparece CONCACAF.

Aquí vamos a cometer una imprudencia periodística deliberada.

Vamos a intentar contar algo que todavía no ha sucedido.

¿Y SI SE LLAMA MIKEL?

Mikel Arriola ya está sentado en el Consejo de CONCACAF como representante de Norteamérica.

Hasta aquí, hechos.

A partir de aquí, futureamos.

No tenemos evidencia de que Mikel Arriola esté preparando una candidatura a la presidencia de CONCACAF.

Ninguna.

Pero permítame preguntarlo:

¿Y si mientras todos estamos mirando quién quiere ocupar la oficina de Infantino deberíamos empezar a observar quién podría terminar ocupando la oficina de Montagliani?

Mire usted el tablero.

Montagliani encabezó desde CONCACAF una de las resistencias contra el proyecto de Infantino.

México mantiene una estrecha relación institucional con FIFA.

Arriola forma parte del gobierno de CONCACAF.

Y FIFA acaba de poner atención especial sobre 21 asociaciones del Caribe.

Son hechos separados.

Nosotros únicamente estamos colocando las piezas sobre la misma mesa.

Porque existe una regla antiquísima del poder:

No basta con responder el movimiento del adversario; hay que anticipar el siguiente.

¿Qué sucedería si Infantino sobreviviera en marzo de 2027 y posteriormente apareciera dentro de CONCACAF una alternativa mexicana capaz de construir una coalición con Caribe y Centroamérica?

No lo sabemos.

Pero vale la pena comenzar a mirar.

EL NUEVO HENRY MORGAN

Sir Henry Morgan descubrió hace siglos que para construir poder en el Caribe no era necesario poseer grandes territorios.

Había que controlar las rutas.

Hoy el tesoro ya no es oro.

Son votos.

Gelson Fernandes ya navega esas aguas desde FIFA.

¿Y Mikel Arriola?

Quizá nuestro particular Henry Morgan todavía ni siquiera haya soltado amarras.

Pero si durante los próximos meses comenzamos a verlo reuniéndose sistemáticamente con presidentes de federaciones caribeñas y centroamericanas, construyendo acuerdos y desarrollando una agenda regional propia, recuerde esta columna.

Porque entonces ya no tendremos una ocurrencia.

Tendremos huellas.

ESPAÑA TAMBIÉN DEBE PENSAR EN ESPAÑA

Y como estas líneas también llegan a nuestros amigos lectores de MARCA en España, vale la pena mirar el espejo.

España tampoco tiene necesariamente los mismos intereses que todos sus vecinos europeos.

UEFA pretende cambiar profundamente la gobernanza de FIFA y encontrar una alternativa al actual liderazgo.

Perfecto.

Pero España tiene además un Mundial 2030 que organizar.

Y existe una batalla extraordinaria por su partido más importante.

Marruecos quiere la final.

España también.

Fouzi Lekjaa llegó incluso a afirmar públicamente que Casablanca la albergaría. La FIFA tuvo que aclarar que todavía no existe una decisión, mientras Rafael Louzán respondió que la final debe celebrarse en España.

Entonces España también debería hacerse su propia pregunta:

¿Qué FIFA le conviene a España?

No qué FIFA le conviene a la UEFA.

A España.

Porque sus intereses coincidirán muchas veces.

Pero no necesariamente siempre.

México debe pensar como México.

España debe pensar como España.

África pensará como África.

Y las pequeñas federaciones que durante décadas tuvieron poco peso deportivo poseen algo extraordinariamente poderoso:

en las urnas su voto pesa exactamente igual que el de las potencias.

EL PERIODISMO VILLAMELÓN

Por eso resulta demasiado fácil subirse hoy al tendido y gritar contra Infantino.

Quizá termine cayendo.

Quizá sobreviva.

Quizá descubramos que sus adversarios tenían razón en prácticamente todo.

El periodismo debe investigarlo.

Pero analizar el poder exige algo adicional:

preguntarse quién se beneficia de cada movimiento.

Si mañana UEFA recupera mayor capacidad de decisión dentro de FIFA, Europa habrá conseguido parte de su objetivo.

¿Y México?

Si el centro político de CONCACAF continúa fuera de México, otros habrán defendido sus posiciones.

¿Y México?

Si México rompe relaciones que mañana podrían permitirle negociar mayor presencia internacional únicamente para acompañar una corriente política extranjera…

¿quién habrá ganado?

No necesariamente nosotros.

Durante demasiado tiempo hemos confundido estar del lado de quien termina ganando con haber ganado nosotros.

No es lo mismo.

EL TORO TODAVÍA NO EMBISTE

Dentro de algunos meses conoceremos las respuestas.

Entonces será muy sencillo explicarlas.

Pero será a toro pasado.

Nosotros preferimos correr hoy otro riesgo.

Intentar entender por dónde puede embestir el toro antes de que arranque.

Y desde México existe una pregunta mucho más importante que defender a Infantino o atacarlo:

¿Qué configuración del poder mundial le conviene más al fútbol mexicano?

¿Una FIFA que conserve el peso de las federaciones emergentes y una CONCACAF en la que México consiga aumentar su influencia hasta eventualmente presidirla?

¿O una FIFA en la que Europa recupere mayor capacidad de decisión y una CONCACAF cuyo centro político continúe fuera de México?

No tengo todavía la respuesta definitiva.

Pero sí tengo claro algo.

México no necesita ser comparsa de Gianni Infantino.

Tampoco de Aleksander Čeferin.

Ni de Victor Montagliani.

Ni de nadie.

Necesita aprender a jugar su propia partida.

Porque mientras unos tienen las Copas y otros tienen los votos, México está sentado exactamente entre los dos mundos.

Quizá haya llegado el momento de utilizarlo.

Y si algún día vemos a un mexicano navegando por aquellas 21 pequeñas islas buscando los votos necesarios para conquistar CONCACAF…

no diga que no se lo advertimos.

El toro todavía no embiste.

Pero nosotros ya estamos mirando hacia dónde apunta los cuernos.

Veremos y diremos.

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