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Paralelo 19 > Blog > Opinión > Ponerle valor a Puebla
Opinión

Ponerle valor a Puebla

Alejandro Meneses Fernández
7 octubre, 2026 07:00
Por
Alejandro Meneses
Alejandro Meneses Fernández
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Sobre la inversión privada, el papel del gobierno y una zona del Centro Histórico que lleva veinte años vaciándose

Tabla de contenido
  • Lo que un gobierno no puede hacer solo
  • Las fallas existen, y por eso existe el gobierno
  • Puebla vale más de lo que creemos

Camine por la zona de San Francisco un martes a las ocho de la noche. A unas cuadras del Zócalo, en el corazón de una ciudad declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad, va a encontrar calles con las cortinas abajo, bodegas que llevan años cerradas, fachadas del siglo XVIII sosteniéndose por inercia y muy poca gente. No es inseguridad lo que uno percibe primero. Es vacío.

Esa ausencia tiene nombre y tiene cifras. De acuerdo con el Plan de Manejo del Centro Histórico del Ayuntamiento de Puebla, la zona pasó de 76 mil 102 habitantes en el año 2000 a 41 mil 293 en 2020: una pérdida de 45% en dos décadas. Investigaciones más recientes estiman que para 2025 la cifra ronda los 30 mil. Y el dato que vuelve esta conversación urgente es dónde se concentra el vacío: las áreas menos habitadas del Centro Histórico son precisamente las que rodean Paseo San Francisco, Paseo Bravo y la avenida Juárez.

Tenemos un patrimonio mundial semihabitado. Y lo hemos tenido así durante una generación.

Lo que un gobierno no puede hacer solo

El 1 de octubre, Carlos Slim presentó el proyecto de Grupo Carso para esa zona, 4 mil millones de pesos, una intervención de 45 mil 93 metros cuadrados, alrededor de 175 mil metros cuadrados de construcción escalonada, 700 departamentos para venta y renta, espacios comerciales, culturales y de esparcimiento, y una estimación de mil 500 empleos directos y 2 mil 500 indirectos. Tres etapas, dos años y medio, y los permisos del INAH como condición de arranque.

Antes de discutir si nos gusta, conviene hacer una cuenta sencilla. Esa cifra es inalcanzable para cualquier gobierno municipal. Para el gobierno del estado representaría comprometer una porción enorme de su capacidad de inversión en un solo polígono, compitiendo contra agua, drenaje, salud y seguridad en 217 municipios.

Y no es una suposición. Ya lo intentamos. El programa municipal de repoblamiento del Centro Histórico se fijó una meta de 4 mil 107 inmuebles y alcanzó 410: diez por ciento. La voluntad política existía, el diagnóstico era correcto. Lo que no existía era el capital.

Aquí está mi punto, y lo digo con todas sus letras, dejen que los empresarios inviertan. Que el capital privado tome el riesgo que el erario no puede, ni debe tomar, que active el mercado, que genere empleo y derrama económica. Y que el gobierno haga lo que sí le corresponde, que es ir corrigiendo las fallas de ese mercado conforme aparezcan.

Generar riqueza no es un objetivo vergonzoso que haya que disculpar, es la condición para todo lo demás, bienestar social, prosperidad compartida, empleos bien remunerados y una ciudad digna de ser Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Lo que hace un inversionista en una zona deprimida es, literalmente, ponerle valor a un lugar que hoy no lo tiene. Y ese valor no se queda en quien lo puso. Cuando 700 familias vuelven a vivir en un polígono vacío, el changarro de la esquina deja de sobrevivir y empieza a crecer. Abre la papelería, la tortillería, la farmacia, el restaurante. Suben las rentas comerciales, sí, pero también suben las ventas.

El predial de la zona, que hoy se cobra sobre inmuebles deteriorados, empieza a recaudarse sobre inmuebles productivos. El turismo, que en Puebla es una vocación natural desaprovechada, encuentra una zona viva en lugar de un decorado bonito a las dos de la tarde y desierto a las nueve de la noche.

Cuatro mil millones de pesos bien colocados no se gastan, se multiplican. Entre empleo, consumo, turismo, plusvalía y recaudación, el efecto de largo plazo puede ser varias veces superior a la inversión original. La inversión de un solo empresario termina beneficiando a cientos de empresarios, y las finanzas públicas se fortalecen sin subir un solo impuesto.

Y hay una capa adicional muy valiosa y que a mí me parece la gran oportunidad estratégica de este momento, una vez que el capital privado detona la revitalización, Puebla queda en posición de vincularse con organismos internacionales como UNESCO, banca multilateral de desarrollo y fondos de patrimonio para inyectar recursos adicionales en lo que el mercado por sí solo no puede financiar, la restauración patrimonial, programas culturales, fortalecimiento del tejido social de los barrios fundacionales.

Esos fondos difícilmente llegan a una zona muerta. Llegan a una zona que ya se está moviendo a través de la unión de las fuerzas de los empresarios y los gobiernos.

Las fallas existen, y por eso existe el gobierno

Sería ingenuo pretender que un proyecto de esta escala no tiene riesgos. Los tiene, y hay que nombrarlos. El principal es el desplazamiento. Buena parte de la pérdida de población del Centro Histórico se explica por un encarecimiento que expulsó a familias de ingresos bajos de las antiguas vecindades, y una intervención mal acompañada puede acelerar ese fenómeno en lugar de revertirlo.

Está también el patrimonio, estamos hablando de una zona de monumentos donde cada permiso del INAH es una garantía, no un trámite. Y están la movilidad, el agua y el drenaje de un polígono que no fue diseñado para la densidad que va a recibir.

Ninguno de esos riesgos es argumento para detener la inversión. Todos son argumentos para que el gobierno haga su trabajo, lo que debe hacer, reglas claras y transparentes, instrumentos de vivienda accesible dentro del mismo polígono, vigilancia estricta del patrimonio, inversión pública complementaria en infraestructura y espacio público, y medición transparente de lo que vaya ocurriendo.

Eso es acotar las fallas del mercado. Lo otro, frenar por precaución, atorar por sospecha, administrar la parálisis, ya lo probamos veinte años y el resultado está a la vista en las cortinas abajo de San Francisco.

Puebla vale más de lo que creemos

Los poblanos merecemos hoy más que nunca una ciudad de calidad, con trabajo, con vida en sus calles, con barrios habitados y con un centro histórico que sea un lugar donde se vive y no un museo al aire libre que se visita los domingos.

No se vale detener las inversiones, menos por política, la única política debe ser entregar valor a los ciudadanos. Se deben potenciar, cuidar las inversiones y volverlas estratégicas, para que contribuyan de verdad al desarrollo y al bienestar.

El papel del gobierno frente a una apuesta así no es decidir si procede o no, es acompañarla, ordenarla, alimentarla y multiplicarla.

Cuarenta y cinco mil poblanos abandonaron el Centro Histórico. Nadie renunció. Nadie pagó un costo político. Nadie se atrevió a llamarlo por su nombre, que no es despoblamiento ni transición urbana, es abandono, y tuvo responsables.

Hoy alguien pone cuatro mil millones de pesos sobre la mesa para revertirlo, y el gran debate poblano consiste en decidir si se lo permitimos.

Hemos llegado al punto en que el deterioro no escandaliza a nadie y la inversión sí. Poco a poco lo estamos pagando entre todos, un local cerrado a la vez, una familia que se va, un empresario que ya no recibe clientes.

Puebla es una ciudad patrimonio que vale mucho más de lo que nosotros mismos reconocemos, parte de este patrimonio lo ha construido su gente por siglos.

Y al patrimonio, para que siga siéndolo, hay que ponerle dinero. No para gastarlo. Para multiplicarlo.

ETIQUETAS:Carlos SlimCentro Histórico de PueblaGrupo Carsoinversión privada en PueblaPaseo San Franciscopatrimonio de Pueblarepoblamiento del Centro Histórico
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Alejandro Meneses Fernández
7 octubre, 2026 07:00
Por
Alejandro Meneses
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