Veinte años después, Mario Marín permanece recluido en el Penal del Altiplano tras perder el último amparo que buscaba recuperar su libertad.
Aunque el exgobernador vuelve a ocupar los titulares, el caso va mucho más allá de su figura.
La investigación de Lydia Cacho reveló una presunta red de abuso y explotación sexual infantil en la que también aparecen Jean Succar Kuri, señalado en Memorias de una infamia como pederasta y presunto operador de lavado de dinero, y el empresario Kamel Nacif, identificado por sus vínculos con distintos gobernadores del país y protagonista de las llamadas que comprobaron el abuso de poder para atacar a las infancias.
La propia periodista ha insistido en que ella no es el centro de la historia, sino las víctimas y la estructura de poder que las protegía.
Dos décadas después, el expediente sigue siendo un referente sobre impunidad, corrupción y violencia contra la infancia en México.












