- Café soluble, mezcal, jitomate y frutas forman parte de los productos que buscan incorporarse a procesos de transformación; la entidad tiene una base alimentaria e industrial, pero enfrenta el reto de ampliar su infraestructura y capacidad exportadora.
Del café que se cultiva en las sierras poblanas al jitomate de los invernaderos de la Sierra Norte, Puebla busca ampliar su participación en la agroindustria mediante la transformación de productos agrícolas en alimentos procesados. La apuesta incluye marcas comerciales, plantas de procesamiento y nuevas cadenas productivas que permitan reducir la dependencia de la venta de cosechas en fresco.
La estrategia impulsada durante la administración de Alejandro Armenta Mier tiene distintos niveles de desarrollo. Algunos productos ya cuentan con marca y canales de comercialización; otros dependen de infraestructura que todavía se construye, mientras que el procesamiento de nuevos cultivos forma parte de los planes de expansión.
Uno de los primeros ejemplos es el café soluble Puebla Cinco de Mayo, presentado en junio de 2025 como una alternativa para agregar valor al grano producido en las regiones cafetaleras del estado. El producto utiliza un proceso de liofilización, mediante el cual el café se transforma en soluble, con una presentación que permite ampliar sus posibilidades de distribución.
Puebla ocupa el tercer lugar nacional en producción de café y el primero en rendimiento, según cifras difundidas por la Secretaría de Agricultura estatal. Para fortalecer esta cadena se anunció una inversión de 120 millones de pesos en 2025 en el programa de Innovación y Sostenibilidad de la Cafeticultura. El producto también obtuvo el distintivo Hecho en México y fue llevado a una exposición agroalimentaria en Alemania en octubre de 2025.
El mezcal es otra de las cadenas que ha comenzado a desarrollar una ruta comercial más amplia. Puebla cuenta con más de 20 mil hectáreas de agave, 250 palenques y una producción superior a 650 mil litros, de acuerdo con datos presentados por la administración estatal en septiembre de 2026.
A través de la marca Puebla Cinco de Mayo, el destilado Espadín comenzó su distribución en una cadena comercial con 28 sucursales en cinco estados, mediante una alianza con la empresa poblana Prissa. También se han promovido exportaciones de productores locales, entre ellas un primer embarque con destino a Nueva York de productores de La Trinidad Tepango, en Atlixco.
El siguiente paso se encuentra en la transformación de productos agrícolas perecederos. En Aquixtla, municipio de la Sierra Norte, se construye el Centro de Innovación y Transformación de Productos Agropecuarios y Acuícolas (CITRAA) especializado en jitomate, con una inversión contratada de 110 millones de pesos.
La infraestructura tendrá capacidad para procesar 12 mil toneladas de jitomate al año y empacar otras 7 mil 200 toneladas. Su línea industrial permitirá obtener alrededor de mil 800 toneladas de pasta, materia prima para elaborar salsas, cátsup y otros derivados.
El proyecto responde a una dificultad recurrente para los productores de la región: la caída de los precios durante las temporadas de mayor oferta. La posibilidad de procesar los excedentes abre una alternativa para conservar y comercializar la cosecha cuando el mercado de producto fresco no ofrece precios rentables.
La infraestructura agroindustrial también se extiende a San José Chiapa, donde se construye otro CITRAA con una inversión contratada de 127.9 millones de pesos. Al 28 de octubre de 2026, la obra registraba un avance físico de 92.23 por ciento.
Este centro contempla instalaciones para producir frutas y verduras deshidratadas, así como una línea de elaboración de barras energéticas de amaranto. Su capacidad prevista es de 280 toneladas anuales y se estima que beneficiará a 10 mil 400 habitantes. El propósito es que pequeños productores puedan procesar parte de sus cosechas sin trasladarlas necesariamente a otros polos industriales.
La expansión anunciada por Armenta contempla incorporar posteriormente el limón persa, las berries, los higos y las manzanas. Para los cítricos también se ha planteado desarrollar infraestructura especializada en la región de Francisco Z. Mena, donde existe producción de limón persa, naranja y mandarina. Sin embargo, todavía no hay información suficiente para atribuir a todos estos cultivos plantas específicas, inversiones aprobadas o fechas de operación.
Las posibilidades de Puebla
La entidad cuenta con una base industrial que puede facilitar su incorporación a este mercado. El Observatorio para el Inversionista de Puebla reporta que la industria de alimentos y bebidas registró exportaciones por mil 460 millones de dólares durante 2025. El sector representó 11.4 por ciento del valor de la producción estatal.
Esta estructura abre la posibilidad de vincular a los productores agrícolas con empresas de procesamiento, empaque, logística y comercialización. También permite aprovechar la ubicación de Puebla y su conexión con mercados del centro del país para ampliar la distribución de alimentos.
No obstante, el crecimiento agroindustrial dependerá de algo más que construir plantas. Será necesario garantizar el abasto de materia prima, mantener estándares de calidad, incorporar tecnología, asegurar compradores y establecer esquemas comerciales que permitan a los productores participar en el valor generado después de la cosecha.
La diferencia entre Puebla y estados como Jalisco, Michoacán o Guanajuato no está solamente en el volumen de producción agrícola, sino en el grado de integración de sus cadenas industriales y comerciales. Mientras algunas entidades ya tienen redes exportadoras consolidadas, Puebla desarrolla infraestructura para procesar productos que históricamente se han comercializado en fresco o con menor transformación.
El café soluble, el mezcal y los centros de procesamiento de jitomate y frutas muestran distintas etapas de ese proceso. El desafío será convertir los proyectos anunciados y las obras en operación sostenida, producción comercial y mayores ingresos para las regiones agrícolas.
Los estados que ya tienen cadenas agroindustriales consolidadas
El desarrollo de estos proyectos ocurre en un mercado nacional donde varias entidades cuentan con cadenas agroalimentarias que conectan producción agrícola, procesamiento, empaque y exportación.
Jalisco es uno de los referentes por su industria alimentaria, con actividades vinculadas a lácteos, carne, huevo, tequila y berries. Michoacán ha construido una importante cadena comercial alrededor del aguacate y los frutos rojos, mientras que Sinaloa y Sonora mantienen una presencia destacada en la producción y exportación de hortalizas y otros cultivos.
Guanajuato también cuenta con una estructura industrial relacionada con el procesamiento de vegetales, granos y productos cárnicos. En estos estados, la actividad agroindustrial no depende únicamente de la cosecha, sino de la infraestructura para conservar, transformar, empacar y distribuir los alimentos.
Las cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) permiten dimensionar parte de esa presencia. Durante el segundo trimestre de 2024, Sonora concentró 22.6 por ciento del valor de las exportaciones nacionales del subsector Agricultura; Michoacán, 21.2 por ciento; Sinaloa, 14.2 por ciento; Jalisco, 8.1 por ciento; Baja California, 7 por ciento, y Guanajuato, 5.4 por ciento.
En conjunto, estas seis entidades concentraron 78.5 por ciento del valor de las exportaciones agrícolas del país en ese periodo. El indicador corresponde a productos del subsector Agricultura y no exclusivamente a alimentos procesados, pero muestra la dimensión de las cadenas productivas y comerciales que ya tienen presencia internacional.
Más que competir únicamente por el volumen de cosechas, Puebla busca ganar espacio en una industria donde el valor de los productos también depende de lo que ocurre después de salir del campo.








