Hay que leer

Recuerdo esta frase que titula el escrito. En alguna discusión en tiempos jóvenes, de novias nuevas y otras no tan nuevas, una jovencita de las nuevas, muy segura de sí, dijo un dato no muy cierto y un amigo, agrio como un limón y determinante en sus juicios, le dijo: “Hay que leer”. Las consecuencias fueron fatales, el novio de la nueva novia fue amenazado de novias nuevas querer más la amistad del amigo, el novio le quería pegar al amigo y los demás, indignados por fuera, disfrazamos la carcajada por dentro. Solo una anécdota.
Al ser la pena máxima, en un penalti, tienes que pensar mucho y rápido, establecer la lucha entre tirador y portero, lucha psicológica, LEER todo lo que está pasando y lo que pasó; como si copiaras en un examen, tienes 10’ en que el profesor dejó de dominar todo el salón con su mirada y tienes ese tiempo para leer rápido lo que el compañero de un lado escribió. Rápido, muy rápido.
Ahora, como aficionados de la selección mexicana, tenemos que saber leer lo que está jugando nuestro equipo, quitarnos el confeti de los ojos, estar en el aquí y en el ahora, ser gestales.
Nuestro entrenador es Javier Aguirre, con dos mundiales a cuestas, con 14 años de experiencia como jugador y 28 como entrenador. Todos esos años, con más o menos pelo, siempre fue cumplidor, aplicado, con más fuerza que talento, con educación escolar, de familia extranjera, siempre en una línea.
En su faceta de técnico, no podía ser de otra forma, hasta sus malas palabras parecen rosas por lo espontáneo que las dice.
Al ser seleccionador de un país, tiene un universo de cerca de 400 jugadores para escoger los que más se apeguen a su idea. Cuando llega a Monterrey, no hace mucho, se encuentra a un equipo muy bueno, pero fuera de la esencia de Aguirre. Al final fue un fracaso total. En este mundial, más allá de las lesiones que le quitaron uno o dos jugadores que tienen lo que él busca más un talento futbolístico, caso Marcel Ruiz, tomó a 26 que cumplen con su idea, en una baraja corta porque para sustituir a Ruiz, se queda con Gutiérrez, jugador que empezaba en Chicago haciendo lo que Ruiz lo hace de maravilla y hoy Gutiérrez es titular. La diferencia es grande, pero la semejanza no. Seguimos en la lectura.
Todos quieren a un México que proponga, que vaya adelante, que juegue con extremos y un táctico, que los laterales sean profundos, que exista el 3 vs 2 en toda la cancha a la ofensiva y que el delantero centro Raúl meta de uno para arriba por juego. Eso quiere la afición y yo les diría: “Hay que leer”.
Javier Aguirre, en todos sus años en Europa y en todos sus éxitos salvando equipos del descenso, tiene una manera de plantarse, junto con pegado descenso una manera de comunicarlo, más coloquial que académica.
Su fútbol empieza cuando el rival tiene la pelota y en base a un férreo marcaje en media cancha, arropado por el sacrificio de los 3 de adelante (tienen que leer el juego de Alvarado, que como extremo por derecha, solo ha ejecutado dos centros de gol y el tiempo sobrante, mucho, hace trabajos en la media cancha en apoyo de la misma y su lateral por ese lado), además de que la última línea, la defensiva, no llega al balón largo, ya está sobre el receptor y no pierde tiempo en llegar porque ya está. A partir de ese parado y ese entendimiento jugador-técnico, México busca un robo y salir hacia adelante ante un equipo que por estar a la ofensiva, está abierto dejando espacios grandes. O quizá algún balón parado o alguna jugada inoportuna del rival.
Para todo esto, el aderezo de su pensamiento es la paciencia. Él sabe que en base a este orden, cada minuto que pase juega a su favor, porque su equipo adquiere seguridad y el rival desesperación.
Ante esta lectura que dura 90’ o más y no los 5’ del penal, México le gana a Corea, la jugada clave en el área de Corea, México la capitalizó y Corea en su jugada clave en el área no lo hizo.
México seguirá jugando a lo mismo, su techo es muy corto, lo podrá hacer un poco mejor o un poco peor, pero en general será lo mismo y así se pueden ganar los juegos. La medida es ser más asertivo en el robo y en la conclusión y que tu paciencia no decaiga.
La victoria tapa muchas deficiencias, pero este México muestra un estilo digno de admirarse, a la par que las virtudes del jugador mexicano afloran: dinámico, aplicado en lo táctico, pícaro en momentos importantes, solidario en los accidentes y el desgaste físico constante.
Mi lectura me dice que nunca México estuvo tan cerca del quinto partido. Solo falta que el diablo no meta la cola y que Aguirre siga siendo Aguirre.





José Luis Sánchez Solá





