El último hombre que queda de pie…acaba siendo el campeón

Le voy a confesar algo, amigo lector.
Durante muchos años pensé que los Mundiales los ganaban los mejores equipos.
Después pensé que los ganaban los mejores jugadores.
Más tarde llegué a creer que todo dependía de los sistemas tácticos.
Y como suele suceder en la vida, el tiempo terminó enseñándome otra cosa.
Porque mientras más Mundiales veo, más me convenzo de una realidad que parece sencilla, pero que cambia absolutamente todo.
Los entrenadores juegan para ganar.
Los seleccionadores juegan para sobrevivir.
Mire usted qué diferencia.
Parece la misma profesión.
No lo es.
El entrenador tiene tiempo.
Entrena todos los días.
Corrige.
Ensaya.
Repite.
Perfecciona.
El seleccionador trabaja con tiempo prestado.
Llega.
Observa.
Decide.
Y vive con las consecuencias.
Bilardo, Parreira, Del Bosque, Scaloni y Javier Aguirre
Por eso siempre me han fascinado los seleccionadores.
Porque administran algo mucho más complejo que un sistema de juego.
Administran destinos.
Y cuando uno revisa la historia de los Mundiales encuentra hombres muy distintos entre sí.
Bilardo.
Parreira.
Del Bosque.
Scaloni.
Y ahora Javier Aguirre.
Todos diferentes.
Todos exitosos.
Todos curtidos en el sufrimiento.
Pero al final, todos sobrevivientes.
Porque, amigo lector, los Mundiales no pertenecen al más brillante. Pertenecen al último hombre que queda de pie.
Carlos Bilardo y la resistencia argentina en Italia 90
Carlos Bilardo lo entendió antes que muchos.
Cuando Argentina llegó a Italia 90 ya no era aquella máquina competitiva que había conquistado México cuatro años antes.
Maradona jugaba lesionado.
Burruchaga estaba disminuido físicamente.
Ruggeri arrastraba molestias.
Caniggia era prácticamente el único hombre capaz de romper una defensa rival con velocidad.
Y detrás de todos ellos aparecía Sergio Goycochea.
El encargado de custodiar el último bastión argentino.
La portería.
La última línea de resistencia.
El hombre que terminó simbolizando a aquella selección.
Porque cuando Argentina ya no podía imponerse desde el talento, debía resistir desde el carácter.
Y cuando ya no podía ganar los partidos, necesitaba encontrar la manera de no perderlos.
Ahí apareció Goycochea.
Primero contra Yugoslavia.
Después contra Italia.
Siempre cuando parecía que la historia estaba por terminar.
Y, sin embargo, Argentina seguía apareciendo en el siguiente partido.
Como esos viejos boxeadores que ya no ganan por nocaut, pero que siempre encuentran la manera de escuchar la campana final permaneciendo de pie.
Parreira, Del Bosque y el valor de sobrevivir
Carlos Alberto Parreira enfrentó otro desafío.
Brasil llevaba veinticuatro años sin levantar la Copa del Mundo.
Todo un país exigía espectáculo.
Parreira eligió otra ruta.
Orden.
Disciplina.
Paciencia.
Equilibrio.
Lo criticaron durante todo el torneo.
Pero siguió adelante.
Los equipos brillantes ganan partidos. Los equipos disciplinados sobreviven torneos y alcanzan campeonatos.
Javier Aguirre y la madurez del seleccionador
Y mientras observo este Mundial, amigo lector, no puedo evitar pensar en Javier Aguirre.
No en el entrenador.
En el seleccionador.
El discípulo de Rinus Michels.
De Nacho Trelles.
De Bora Milutinović.
De Mejía Barón.
Porque hay derrotas que enseñan.
Pero también hay derrotas que transforman.
Y las más dolorosas suelen convertirse en las maestras más severas.
Por eso hoy luce diferente.
Más tranquilo.
Más paciente.
Más pragmático.
Más sabio.
Porque la sabiduría proviene de la aplicación de la inteligencia y el buen juicio a lo largo de la experiencia.
México y la búsqueda de la gloria
Desde 1986 hemos perseguido la gloria.
Y no nos engañemos.
No la hemos alcanzado.
Ni siquiera nos hemos acercado realmente.
Lo que hemos acumulado son experiencias.
Recuerdos.
Frustraciones.
Y eliminaciones.
Hoy escuchamos que México debe gustar.
Que debe tener posesión.
Que debe parecerse al Barcelona de Guardiola.
Que debe jugar como las grandes potencias.
Y quizá algún día tenga los futbolistas para hacerlo.
Lo que veo son veintiséis futbolistas. Y a veces los Mundiales no los ganan las estrellas. Los ganan los equipos.
Pueden resistir.
Pueden competir.
Pueden sobrevivir.
Y quizá, solo quizá, puedan alcanzar esa gloria que durante cuarenta años se nos ha escapado de las manos.
Porque los Mundiales no siempre los gana el más brillante.
Muchas veces los gana el último hombre que queda de pie.
Y Javier Aguirre sigue de pie.
Por ahora.
Esperando que el destino finalmente lo alcance.
VEREMOS Y DIREMOS…
Nosotros, como siempre, seguiremos en línea.
Hasta la próxima.
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Pepe Hanan





